Las amistades en América Latina y cómo prevalece la utilidad sobre la virtud.
“La amistad perfecta es la de los hombres buenos y la de los que se unen por la virtud. En efecto, éstos se desean mutuamente un bien semejante en la medida en que son buenos, y son buenos en sí mismos. Pero la cima de la amistad es querer el bien de los amigos por sí mismos, porque esta disposición es esencial, no accidental. Una amistad de esta clase se mantiene en tanto que los amigos son buenos, y la virtud es estable.”
Aristóteles, “Ética a Nicómaco”.
Entre otras definiciones, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la palabra “gentil” como:
(Del lat. gentīlis).
1. adj. Brioso, galán, gracioso.
2. adj. notable.
3. adj. Amable, cortés.
4. adj. ant. noble (que posee título del reino).
Puede el lector tomar cualquiera de las acepciones anteriores para leer este Capítulo.
Invito pues al lector a trasladar su mente a cualquier país de América Latina. Trasladémonos un viernes por la tarde a un exclusivo café de la ciudad latinoamericana de su preferencia. ¿Alcanza a imaginar a un grupo de señoras? Muy bien, pues yo le voy a presentar a un grupo de señoras, que seguramente serán muy similares a las que Usted imaginó. Este grupo de cuatro señoras viven en la Ciudad de México. ¡Ándele! ¡Venga conmigo! Vamos a ver de qué están hablando. ¡No tenga miedo!
Ya estamos aquí dentro del café. Es uno de los mejores cafés de la capital mexicana y aquí puede encontrar tanto políticos como intelectuales, ¡y claro! ¡como todos los viernes! ¡está este grupo de cuatro amigas! ¡Ándele, venga! No se preocupe, ellas no nos pueden ver.
¿Alcanza a escucharlas?
- ¡Ay Yolis! , se te ven magníficos esos aretitos.
- Gracias Marilú, me los regaló un hijo por mi cumpleaños.
¿Ya vió que mal se ve Marilú en ese viejo y desgastado vestidito azul entallado? ¡Sí! ¡Esa que se ve desvelada y está casi sin maquillar! Le voy a contar su historia:
Marilú es una ama de casa con cuatro hijos, todos ellos menores de dieciocho años. Marilú no terminó de estudiar la Universidad y no trabaja. Su esposo, un brillante ingeniero en computación, perdió su trabajo en un recorte de personal y lleva desempleado casi un año. La verdad es que no tienen dinero ni para comer y están pasando un momento sumamente difícil. Sin embargo pocas veces se pueden encontrar matrimonios tan sólidos y con tanto amor como el de ellos dos. Entre la hija adolescente de nombre Aurora que exige que su papá la meta a la mejor Prepa de la colonia porque ahí se van a meter sus mejores amigas y su hijo Gonzalo, de apenas ocho años, que le exige a su mamá que le compre juguetes porque en Navidad y en Reyes no recibió absolutamente nada, Marilú se está volviendo loca porque el dinero no le alcanza para nada. Diario se limitan a comer una sopa de pasta con pure de tomate y si va bien, unas alitas de pollo guisadas con chile. Hace casi dos años que no se compra ropa y con lo que cuesta un café en la mesa que está presente ¡bien podría darle de comer -modestamente, claro- a su familia por uno o dos días! Si asistió al café fue solo por insistencia y por invitación de aquella mujer ¿la alcanza a ver? Se llama Nina y siempre invita a Marilú. Luego le voy a contar acerca de esta mujer, Nina.
Vamos a seguir escuchando:
- ¿Y tú Conchita qué has hecho esta semana?
- Nada Yolis, lo mismo de siempre: el trabajo todo el día y luego llegando a la casa solo cocinar y cocinar ¡ya sabes cómo lo disfruto! Fíjate que me aventé a hacer unos tamalitos oaxaqueños bien sabrosos. Apenas los hice ¡volaron!
¿Ya vió que diferente se ve Conchita a las demás? Es muy morena y tiene facciones indígenas. Le voy a explicar por qué. Conchita viene de raíces muy pobres y humildes. Sus padres eran indígenas que cosechaban maíz en la provincia de Veracruz y emigraron a México en busca de mejores oportunidades. La mamá de Conchita alguna vez trabajó como sirvienta y ¡si! ¡era de esas mujeres que salían a la calle con un mandil, que pareciera no se quitaba ni para dormir! Con muchos esfuerzos Conchita terminó la carrera de sociología en la UNAM y trabaja en la Secretaría de Relaciones Exteriores como asesora. Pero a Conchita nunca le dan pena sus raíces y por su carácter bromista siempre es el corazón de las pláticas de café con sus otras tres amigas. Conchita lleva ya veinte años casada con Alfonso Sánchez-Medal, uno de los más brillantes abogados del país, y que ahora, aunque nadie dice nada, él le es infiel con otra mujer. Con el tiempo Conchita refinó (moderadamente, claro) sus maneras sin perder ese toque de originalidad que siempre la ha caracterizado. Tiene dos hijos: Luis y Marta. Luis estudia cine, es homosexual declarado y -aunque no lo saben sus padres- tiene serios problemas con la cocaína. Marta empieza la Universidad este año y piensa estudiar medicina, pero la verdad es que la mayoría duda que vaya a terminar la carrera, porque está vuelta loca por un amiguito suyo, y seguramente acabará embarazada.
Venga, sigamos escuchando:
- ¡No Yolis! ¡Cómo crees que voy a cocinar yo! ¡Sabes que a mi se quema hasta el agua! Pero esta nueva muchachita que me llegó de Oaxaca me cocina muy rico. ¡Fíjate que me hace las tortillas a mano! Aparte hace el quehacer muy rápido.
- ¡Uy Nina! ¡Qué se me hace que te voy a robar a tu nueva muchacha para mi nuera Meche pues le urge una para que le ayude con mi nieto que es tremendo!
¿Verdad que Nina parece como parte de la escenografía rococó del café? Ahí, con su extraordinaria figura (lograda a base de innumerables cirugías) y vestida con ese vestidito rosa que seguramente compró en una exclusiva tienda de Madrid o en París parece un seductor maniquí de aparador. La verdad es que Nina fue una persona que nunca se abstuvo de nada. Hija de un prestigiado escultor yugoslavo, Nina se dedicó a estudiar solo un curso de Historia del Arte y se casó con su profesor: un arquitecto quince años mayor que ella. Nina es feliz en sus clases de pilates en el Club y no se tiene que preocupar por hacer el súper pues se lo hace el chofer. Nina adora pintarse el cabello de rubio aunque lo tenga castaño, adora su Coca-Cola y sus Benson & Hedges. El único problema de Nina es que es estéril. Aunque hizo intentos múltiples por adoptar, no tiene hijos. Este hecho es algo que la entristece mucho.
A ver venga, vamos a ver qué le están diciendo las tres a la otra::
- ¡Ya Yolis! Dinos cómo te fue con el peloncito ese que nos presentaste el otro día.
- ¡Sí Yolis! Estaba mono ¿no?
- ¡Ándale Yolis! Ese te conviene. Parece un hombre muy educado.
- ¡Déjenme les cuento! ¡Se llama Gabriel y es director de orquesta!
¡Acertó! Esa señora alta de pelo corto, con un vestido azul de puntitos pasado de moda, como de los años ochentas, es Yolis. La única que nos resta. Ahora le contaré su historia:
Yolis es la más grande de todas, es Licenciada en Administración de Empresas, es divorciada y tiene tres hijos, ya todos grandes y casados. Pero nada impide que Yolis trate de buscar el amor. Así que con frecuencia va a reuniones que agendan encuentros entre personas aleatorias, ya sabe, de esas agencias que encuentran amores. Hace diez años que se divorció y Yolis no ha encontrado el amor aún. Frecuentemente pasa las noches llorándole a la almohada en la soledad de su recámara. Yolis trabaja como Gerente en una tienda que vende electrodomésticos. A Yolis le encanta la música de Luis Miguel y en su auto Chevy siempre tiene puesta la estación de Universal Stereo. Pese a ser la única divorciada, es la única de las cuatro que va a misa todos los domingos.
¿Qué creyó? Que lo traje a que espiáramos a estas locas. ¡Para nada! Ande. Siéntese. Ahí hay una mesa libre. ¡Vamos a tomarnos un café! Le voy a seguir platicando:
Las cuatro tendrán alrededor de diez años de conocerse y pese a ser muy amigas hay cosas que no se dicen entre ellas. Marilú nunca habla de sus penurias ni de lo mal que se la está pasando económicamente; Conchita nunca habla ni de su pasado ni de las orientaciones sexuales de su hijo ni que su esposo siempre llega borracho a la casa con aroma de otra mujer; Nina nunca habla de cuánto ansía tener un hijo ni de sus cirujías estetéticas; Yolis jamás habla de cómo se echa a llorar sola por las noches. A Marilú solo le queda sonreir mientras Nina habla de sus viajes por Europa; a Conchita se le quiebra la voz recordando a su mamá de sirvienta cuando Yolis regaña a la suya por un trabajo mal hecho; Nina solo se queda pensativa cuando Yolis habla con entusiasmo de sus nietos; a Yolis la llena de envidia el amor desmedido del esposo de Marilú; Marilú quisiera haber podido terminar su carrera como Conchita para poder obtener un buen empleo y ayudarle con los gastos a su esposo; Nina desearía ser tan independiente como Conchita y Conchita desearía tener la figura de Nina; y así, un largo, un larguísimo, larguísimo etcétera.
Todas juegan y viven casi como por instinto del teatro social al que permanecen. Todas, aunque mejores amigas, pretenden ser gentiles una con la otra y terminan siendo unas gentiles pretenciosas en el intento. Todas, sin excepción, forman un grupo de artistas de la simulación, del qué decir y del cómo decirlo. Todas, como la mayoría de los Latinoamericanos, son recelosas de una intimidad incompartible. Ellas guardan para sí sus naturales y genuinas aspiraciones y deseos y no porque sea políticamente incorrecto compartirlos, sino porque esos sentimientos tan de uno se reservan para la intimidad familiar, un núcleo cerrado y quasi-sacro en Latinoamérica. Pareciera en verdad, que -como esas danzas africanas en las cuales los participantes se reunen en torno al fuego y bailan representando a un personaje- los Latinoamericanos tienen formas mas sofisticadas de representar esas danzas: ya sea en el trabajo o hasta con sus amigos. Pero en el fondo esas danzas tienen el mismo fin: crear un escenario y representar un personaje que no es uno mismo. En esa búsqueda por ser gentiles, los Latinoamericanos se encuentran viviendo una mentira sobre si mismos, y por ende, sobre ellos en su sentido colectivo.
Los roles que asumen, todas estas mujeres, como personas exitosas y sin problemas no tienen ni un atisbo de verdad y sirven más para aparentar una realidad artificial que para disfrutar una natural espontaneidad, ya de por si inexistente. Todas, las cuatro, prefieren pregonar algo que no tienen y mostrar caretas ajenas a ellas mismas. En este sentido, sería imposible que existiera un sistema genuino donde la personalidad de todas se mostrara sin esas máscaras.
Sin embargo, a pesar de esas diferencias, de esos disfraces de envidias y esos juegos tan frívolos de esconder y mostrar, algo hace que esas cuatro amigas se reunan a conversar y en sí, que sean amigas. El gran sociólogo alemán Niklas Luhmann llama a esta forma en cómo se intersectan diferentes sistemas (personalidades en este caso): interpenetración:
“Interpenetration setzt voraus, daß die Systeme sich unterscheiden und sich trotzdem überschneiden, das heißt: etwas gemeinsam haben. Dies »etwas« dürften im Falle personaler und sozialer Systeme einzelne Handlungensein.”
“La interpenetración implica que los sistemas son diferentes y que incluso se intersectan, es decir, tienen algo en común. Ese ‘algo’ es probable que en el caso individual y en el caso de los sistemas sociales, se reduzca a las relaciones comerciales.” (Vol. 2, p. 278)
Luhmann, Niklas (1981): Wie ist soziale Ordnung möglich?, en: Ders.Gesellschaftsstruktur und Semantik, S. 195-207.
Es decir, Luhmann, aduce que son las relaciones comerciales -económicas en sentido amplio- las que hacen que se distingan las diferencias en la personalidad, por ejemplo. Y es que la circunstancia y el sistema en si en el que un individuo A actúa es diferente a la circunstancia y al sistema en si en el que el individuo B actúa única y exclusivamente por lo que hay, y el haber es material (sea en un primer o segundo momento), y por ende susceptible de valoración económica y por tanto de tráfico comercial.
Ejemplificaré: Marilú va al café porque Nina se lo va a pagar. Conchita va porque envidia algo material de Nina (su figura) y de Marilú (el amor del marido, susceptible de valoración económica pues bienestar acarrea productividad). Yolis tiene puntos de afinidad con Conchita en esta última comparación. Y es precisamente esta telaraña de dar y recibir lo que llamamos relaciones humanas. Pues bien, son esos puntos donde se intersectan nuestras afinidades, que nuestra identidad se va forjando.
¿Está bueno el café aquí verdad? Creo que lo traen directo de Colombia. Sinceramente es el único lugar donde puedo tomar un espresso en México.
Pues le estaba comentando, efectivamente, la visión de Luhmann es muy triste por ser materialista y se ubica en lo que Aristóteles ya llamaba muchísimos siglos atrás, “amistades de utilidad”:
“Así pues los que aman por la utilidad buscan lo que les conviene. Los que aman por el placer [buscan] lo que les es agradable. No aman al amigo porque es él, sino en la medida en que les es útil o agradable. Estas amistades nacen accidentalmente; no aman a su amigo por lo que es, sino porque es capaz de procurarles alguna ventaja o algún placer. Estas amistades son muy frágiles, porque los amigos no siempre permanecen iguales; cuando ya no son útiles ni agradables, dejan de amarse. [...]“
Aristóteles. Ética a Nicómaco.
Sin embargo a mi parecer en América Latina abundan más las amistades por utilidad, precisamente por ese ansiar material. Por otro lado, en muchas ocasiones esos falsos amigos se alegran del mal de otro. La verdad de las cosas: cada vez que Marilú comenta que tuvo una discusión con su marido, Conchita se siente “soulagé”, reconfortada; igualmente cada vez que Nina menciona que se hará una nueva operación porque le salieron otras arrugas. En fin, ante la escasez en América Latina, pareciera que gobierna muchas veces la ley del mas fuerte, y que esta ley gobierna aún ante los mejores amigos.
Pero paradojicamente, a Marilú, Conchita, Nina y Yolis le importa mucho la opinión que una tenga de la otra. ¡Qué diría Nina si me ve comiendo en un puesto de tacos en la esquina, piensa Conchita! Pero eso es natural a la condición humana. Ya Emile Durkheim decía:
“L’opinion, chose sociale au premier chef, est [...] une source d’autorité et l’on peut même se demander si toute autorité n’est pas fille de l’opinion.”
“La opinión, el asunto social de primer orden, es una fuente de autoridad y hasta podemos llegar a preguntarnos si toda autoridad no es hija de la opinión”.
Emile Durkheim, Les formes élémentaires de la vie religieuse
A mi parecer resulta natural y hasta bueno que se le preste tanta atención a la opinión que de uno tienen las demás personas. Lo que no me parece es que se desfigure la identidad y la personalidad propia en aras de agradar a la otra persona. Y tanto Marilú, Conchita, Nina y Yolis ocultan algo de sí y muestran una careta que no es lo real, todo en aras de agradar a las demás.
La careta con la que actuan las cuatro, esas máscaras con las que tantos y tantos Latinoamericanos van danzando por la vida, me hacen recordar la descripción que varios autores hacen de la Viena de principios del siglo XIX: una ciudad llena de cafes donde se reunían las señoras a contar los chismes del momento, e inclusive rentaban el vestido que usarían, todo en aras de aparentar algo que no eran.
Y en eso se les esfumará la vida a muchas mujeres y hombres, anteponiendo caretas y máscaras a sus verdaderos sentimientos. Las mujeres a partir de que se casan “no hablan de otra cosa que de sirvientas y de bebés” decía por ahí un gran sabio. ¡Y cuantas veces esto es cierto!
Y es que esa Viena decimonónica se recrea en este café en medio de la marejada de concreto en esta ciudad latinoamericana. Esa Viena decimonónica se recrea en la pompa y ostentación que de si mismas hacen estas señoras. Esa Viena rococó pareciera recobrar vida en una extraña mutación de mujeres con complejos más pesados que los faldones de aquellas mujeres del siglo XIX. Esa Viena está en la Ciudad de México, en ese momento y en ese preciso lugar cuando Yolis presume que su hijo está estudiando fuera o cuando Marilú esconde que su vestido está roto con unas improvisadas costuras de último momento. Esa Viena está en la Ciudad de México, en ese momento y en ese preciso lugar cuando Conchita tiene la catarsis de olvidarse de todos los problemas en casa. Esa Viena está en la Ciudad de México, en ese momento y en ese preciso lugar cuando Nina presume que su esposo se ha comprado un nuevo Jaguar y olvida que la mamá de su sirvienta está muriendo porque no tiene dinero para comprarle unos medicamentos.
Y es precisamente que ante una cada vez más grande y poderosa clase media, los Latinoamericanos o van reafirmando su identidad momento a momento o simplemente, ante la confusión bulliciosa de su propio estatus, asumen una identidad que no les corresponde, pretendiendo ser algo que no son o identificándose con figuras completamente ajenas a la realidad.
La masificación del lujo juega un papel fundamental en el proceso de moldeo de la identidad de esa cada vez más grande clase media que hoy tiene celulares, computadoras, viajes, dos o tres autos, ¡y hasta educación de calidad!. Y es que hoy en día cada vez más y más mexicanos hacen maestrías y doctorados en el extranjero, ya pareciera lo común y corriente, ¡vaya, lo natural! Cuando hasta hace quince o veinte años verdaderamente solo un grupo selecto de Latinoamericanos podía gastárselas en semejantes cosas.
Hoy en día, se puede dar la vuelta al mundo por menos de cinco mil dólares cuando hasta hace veinte o treinta años se requería dilapidar toda una fortuna. ¡Hoy en día cualquier pelado puede hacer una maestría, viajar a Europa o Asia, tener autos, computadoras o celulares por montones!
¡Cuánta gente hay hoy que se va a comer a los grandes restaurantes de la Guía Michelin y no hay ni un kilo de arroz en la alacena de sus parientes! ¡Cuántos innobles hay deambulando en autos último modelo mientras sus tíos o primos están comiendo diariamente fideos y frijoles! ¡Cuántos desgraciados hay paseándose por Europa así tengan que pagar su viaje en diez o veinte mensualidades! ¡Cuántas Marilú hay por ahí que anteponen el juguete de moda de su hijo para que pueda presumirlo ante sus amigos que la comida diaria! ¡Cuántas Conchitas hay por ahí que traen cargando su humilde pasado a cuestas! ¡Cuántas Ninas hay por ahí que no toleran la terrible fatuidad de sus vidas! ¡Cuántas Yolis hay por ahí tratando de ocultar su patética y terrible soledad!
¡Cuántos de esta nueva clase media llevan un nivel de vida superior al de sus fuerzas por preocuparse más del qué dirán del quién soy!
¡Y es que -desmiéntame Usted- los Latinoamericanos en general pretenden creer que lujos tan vanales los hacen gentiles y en el camino terminan pareciendo solo unos gentiles pretenciosos!