La historia, la economía, la moral y las artes son víctimas de procesos cíclicos.
“It is one of my most important and very best verified maxims that nature makes no identical leaps. This I have called the law of continuity”. Leibniz.
El ser humano es cautivo de ciclos. Los ciclos están presentes en todas las acciones de los hombres. Las acciones humanas están destinadas, en la mayoría de las acciones a ser cíclicas. Por ejemplo, conocí el otro día a un prestigiado ex-socio de Freshfields, el Despacho alemán de mayor reconocimiento en el mundo entero. Este hombre dejó la gran firma para poner su pequeño despacho. Me decía, que desde hacía más de 20 años cuando empezó como un pasante ahí y después de muchos años de esfuerzo logró ser socio. Pero al final decía que “había perdido ese ’sentir’ su profesión”. “Lo único que hacía llegando era distribuir los contratos que debían ser elaborados entre algunos abogados” y “muchas veces mis clientes no tenían rostro”.
Decía que, aunque en un año ganaba el dinero suficiente para vivir una vida, no se sentía contento. Así que decidió “volver a empezar” con su propio despacho. Y creo que es comprensible… no es lo mismo trabajar pegando suelas en una industria china dedicada a la producción de zapatos, que en un pequeño taller italiano dedicado a la elaboración de zapatos donde uno se encarga desde el diseño y del corte de los zapatos. No es lo mismo brindar un servicio con la calidad de una industria, al de una boutique. ¿A qué es a lo que tiende un ser humano si aún estando en la cima no está conforme?
Y es que los ciclos están en todas partes: en la política por ejemplo los ejemplos son numerosos. Es famosa la “Teoría Cíclica de las Dinastías”, de origen chino, que podría sintetizarse sencillamente en:
Y el proceso se repite una y otra y otra vez.