La confusión de los valores que ha surgido gracias a la homogeneización cultural.
Todos los seres humanos estamos sometidos a una serie de cambios y transformaciones, estos cambios son tan naturales como nuestro propio desarrollo para llegar a nuestra adultez; sin embargo, aun cuando el cambio esta inmerso en la vida de todos los seres vivos, somos los seres humanos quienes más estamos realizando cambios en nuestras vidas, afectando con ello a los demás, alterando estructuras económicas, sociales, políticas, psicológicas, y valorales (de los valores).
El horizonte valoral es un acuerdo preestablecido por las sociedades respecto de lo que es correcto y lo que no; las cosas no son buenas o malas para todos por igual, algunas culturas aceptan el incesto y la bigamia (no es pecado, en Colombia el incesto si lo es y la bigamia esta siendo lentamente aceptada) – otras, aceptan la mutilación de partes del cuerpo (por que asi lo quiere su Dios o los líderes espirituales) podría citar muchos ejemplos.
Las sociedades del mundo entero, que por miles de años estuvieron aisladas las unas de las otras, discutieron una y otra vez para construir sus preacuerdos morales, algunos de ellos basados en los dogmas de la fe, muchos de estos acuerdos surgieron caídos del cielo (en una tabla de mandamientos, en un libro de oro cerca a un árbol, entre otros); en fin, hombres de todas generaciones discutieron sobre lo que estaba correcto hacer y no, sobre la forma de educar a sus hijos para lograr que estos cumplan; la constante fue que cualquier referencia del mundo externo era de hecho una utopía.
Con la llegada del telégrafo en 1833, el mundo cambio radicalmente, en cuanto se inició la carrera de la comunicación masiva y del intercambio cultural acelerado (carrera nunca antes vista, la excepción fueron las guerras que lograban imponer culturas) carrera que se vio fortalecida con el ingreso del teléfono (1876), la radio (1894), la televisión (1925) y la telefonía móvil (1983), sin hablar de la internet que definitivamente traspaso todas las fronteras, transformando idiomas, maneras de escribir, de sentir y por su puesto homogeneizando nuestra concepción de los valores y de la imperiosidad de transmitirlos.