Quien llega a un cargo directivo a cualquier nivel en una organización, entidad o gobierno, necesita comprender que lo hace para servir a sus semejantes; en caso contrario, su fracaso será directamente proporcional a la soberbia demostrada.
Este es uno de los mayores defectos de la democracia actual en algunos países, que lleva a que quienes queden decepcionados por no haberse reconocido debidamente su labor en pos de una causa piensen en que es mejor un sistema de gobierno autoritario que castigue estas actitudes o que no dé lugar a que se produzcan al no haber elecciones en las que el pueblo participe.
La responsabilidad de este cumplimiento con quienes han permitido llegar a un puesto de mando no sólo comprende a los políticos sino a personas de otros sectores, como empresario, deportivo o social. En algunos casos la fama atrae como un ingrediente más que, aunque a menudo de manera efímera, beneficia a quien manda.
Entre los años 254 a 184 antes de la era cristiana vivió el comediógrafo latino Tito Marcio Plauto, quien nos legara una frase que no ha perdido vigencia: Homo homini lupus (El hombre es un lobo para el hombre).
Desde entonces, la historia le ha dado la razón. Basta ver cómo han surgido estructuras de poder basadas en artimañas, mentiras, traiciones y hasta muertes por el solo placer de alcanzar el poder. Un poder que, también muestra la historia, es efímero si no está basado en la honestidad y el respaldo social.
Así, muchas revoluciones y golpes de Estado, con inspiración en intrigas palaciegas, nacieron en personas cercanas a quien ejercía una autoridad legítima, con el condenable propósito de reemplazarla por otra que al carecer de esa legitimidad estaba destinada al fracaso o a mantenerse como tal por medio de la represión.
Si observamos la situación actual del mundo podremos verificar lo aquí sostenido: algunas naciones tienen el privilegio de ser gobernadas por quienes están al servicio de sus semejantes; otras, en cambio, han tenido la dolorosa experiencia de verificar que el ser humano, a veces, privilegia el interés personal y la ambición sobre una escala de valores positiva.
La repetición de estas actitudes desgasta no sólo a quienes las practican sino al observador; empero, es necesario cambiar esta situación y lograr que la sociedad, en especial la juventud, vuelva a creer en la política como posibilidad de cambio para mejor en un país.
El cambio respecto a la política no se hace sino desde adentro. De nada vale despotricar y señalar que todo está mal sin una actitud de transformación.
No sólo podemos participar con una afiliación y militancia en un partido político; en muchos países el Congreso permite la recepción de propuestas de ley por parte de los ciudadanos, posibilidad concreta de presentar mociones de cambio.
Busquemos una forma de hacer algo para cambiar la historia, dentro de nuestras posibilidades. Ser solidarios unos con otros, mostrar que la honestidad y la lealtad son valores perdurables y valederos, llevará a una transformación que si bien no se producirá de hoy para mañana sabemos llegará algún día.
Una vez que hayamos dado el primer paso lo demás vendrá con mayor facilidad y será positivo para todos.
Cambiemos esta situación, exigiendo a quienes ejercen cargos electivos el cumplimiento de sus promesas. El voto es la herramienta para premiar y castigar a nuestros representantes.
Lo dicho vale tanto para la política entendida como instrumento de la democracia para elegir autoridades en un país como en otras instancias en que el voto decide: clubes deportivos, entidades sin fines de lucro, empresas (aplicable al directorio) y todo lugar en que una elección pueda producir cambios.
Si obramos responsablemente la realidad negativa puede cambiar y quienes ejercen el poder comprenderán que no es un instrumento de dominación del otro sino una posibilidad de tener el privilegio de servir a sus semejantes, logrando una vida mejor para sí mismo y todos ellos.
Interesante y ejemplar, lo felicito.
Interesante, y muy cierto, pero para poder tener un país en democracia, debemos educar al pueblo, porque la educación, y el conocimiento nos da el poder, la posibilidad de elegir entre diferentes propuestas, y no elegir goviernos autoritarios, que no usaran uniformes, pero igual se hace sentir, porque va por “Decreto”, mientras siga habiendo desigualdad, y poca posibilidad de aprender, lamentablemente esto seguira sucediendo, y también es cierto como bien lo expresa ud. hemos perdido la esperanza en la politica, porque por mas propuesta, que haya quedan encajonadas, o no hay cuoron para aprovar, solo hay cuoron para aprovar lo que ellos les conviene. Para que haya igualdad, debería existir una “oposición seria” no el oponerse porque si, sino para que no sea un govierno autoritario sino uno para todos. Realmente le agradezco este artículo, porque nos hace pensar, reflexionar, y pensar sobre todo “que puedo hacer yo desde mi humilde lugar”. Gracias. Saludos. Bety
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