Todo se debe al actuar del hombre.
A finales del siglo VIII los musulmanes ocupan casi la totalidad de la península Ibérica, los cristianos que no quisieron quedarse bajo su dominio, se refugiaron al norte en Asturias. En esta situación de crisis, un monje llamado Béatus, escribió unos comentarios sobre el Apocalipsis de Juan, que han sido copiados y recopiados, ilustrados con magníficos grabados durante 500 años. El día de pascua del año 800, Béatus que era milenarista, salió con sus fieles y subió a una montaña para alcanzar la llegada de Cristo. Lo sabemos por una carta del obispo de Toledo, Elipando, su gran rival, en la que se burla de él después del suceso.
Contrariamente a la idea tan extendida, los historiadores no encuentran ninguna huella de cambios espectaculares en las proximidades del año mil. A finales del primer milenio, más bien habría que hablar de un miedo difuso en el día a día, dispuesto a manifestarse al menor suceso inquietante.
Hoy es difícil imaginar esos temores, porque nuestros conocimientos nos permiten delimitar la naturaleza de los fenómenos que los desencadenan, pero frente a nuevos peligros cuya auténtica magnitud no medimos (el aniversario del accidente de Chernovil), de golpe estamos en mejor situación para comprender (durante 10 días el reactor de la central habría dejado escapar a la atmósfera el equivalente a 200 bombas de Hiroshima, 20 años después todavía es difícil medir las consecuencias que tuvo y que tendrá a largo plazo en el medio ambiente).
Aunque no se produjeran más accidentes como el de Chernovil, nuestro modo de vida actual, nuestras actividades industriales tienen un impacto incuestionable en el medio ambiente. Sin embargo, la opinión de los expertos en cuanto a su alcance, diverge:
‘Hoy sabemos y tenemos pruebas de que el calentamiento climático existe, que se debe a las actividades humanas, que sus efectos van a ser mucho más terribles de lo que nos imaginamos hasta ahora y que no podemos hacer mucho para evitarlo, excepto un cambio radical en nuestros modos de vida. Como siempre ocurre en estos casos, se interpreta cualquier suceso como prueba de que existe un desequilibrio del orden natural introducido por el hombre y que ese desequilibrio va a volverse contra el hombre”.
El calentamiento del planeta no va a matar a toda la humanidad, porque esa es la idea del Apocalipsis, la idea de la desaparición. No, la idea de un final total de la humanidad, eliminándose ella misma del mapa, es una fantasía”, “El tema de la crisis de la energía está íntimamente unido al calentamiento climático, ambas crisis, la crisis medioambiental y la crisis de la energía constituyen un sistema, estamos llegando casi al agotamiento de los recursos fósiles. Sería una locura considerar que esos fenómenos ponen de manifiesto un destino funesto para la humanidad. Lo que ponen de manifiesto es que la humanidad pasa por un momento de su historia, en el que la inquietud puede más que la esperanza”.
“Los primeros efectos del calentamiento climático, serán las migraciones de la población, serán guerras por el acceso a los recursos cada vez más escasos, en concreto a los recursos energéticos. En resumen, la humanidad se destruye al destruir su medio ambiente, pero todo esto acabará en auténticas guerras y en auténticos conflictos”.
Muy interesante