Todo se debe al actuar del hombre.
Un hecho histórico que es relativamente poco conocido, es que las primeras generaciones cristianas, fueron muy milenaristas. En los primeros siglos de la iglesia, cuando la iglesia era una comunidad minoritaria, perseguida, tomó las mismas expectativas y los mismos escenarios que habían elaborado las comunidades judías, sobre todo después de la caída de Jerusalén y de la destrucción del templo.
Algunas figuras eminentes de los primeros años del cristianismo fueron milenaristas, como San Ireneo, que murió siendo obispo de Lion y Tertuliano, gran figura del cristianismo.
Uno de los primeros plantones del Apocalipsis, se produjo a mediados del siglo II, un tal Montanus empezó a predicar el regreso de Cristo, varias comunidades escucharon sus palabras y dejaron sus ciudades para ir al lugar en el que se suponía que iba a ocurrir el acontecimiento, una meseta en algún lugar del centro de la actual Turquía; el regreso de Jesús no se produjo, pero eso no disminuyó ni un ápice su fe, pensaron sencillamente que se trataba de un error en el cálculo de la fecha.
En el año 313 se reconoce el cristianismo, más tarde a mediados del Siglo IV se adopta como religión única del imperio romano. A partir de ese momento, las cosas cambiarán radicalmente, sobre todo porque después de tres siglos y medio de esperas inminentes, siempre pospuestas, había que replantearse algunas cosas.
A medida que se instala el cristianismo, que se convierte en una religión mayoritaria, se esfuma esa mentalidad de perseguirlo, así como la necesidad de una especie de venganza política, social, global. El propio San Agustín fue milenarista al principio, después se volvió contra una visión del futuro que “le parecía demasiado carnal, demasiado material, demasiado concreta”. Él propuso una interpretación simbólica del capítulo 20. “Y se ha dicho que el mayor intelectual del siglo V, San Agustín, fue también el gran liquidador de los milenaristas anteriores, que precisamente esperaban un regreso incluso político de Cristo”. En realidad según él, el reino de Cristo había comenzado desde su nacimiento, los mil años debían entenderse de forma simbólica y no estrictamente, y eso durante un periodo de mil años que ya había comenzado. Pese a la acción de San Agustín, la edad media siguió teniendo durante 10 siglos llamaradas recurrentes numerosas, de milenarismo y de espera apocalíptica.
Muy interesante