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Debajo del piso

El tiempo no pasa, ¿o se pasa y no lo vemos?

El café está un piso abajo de la ciudad. Un piso abajo de la calle que se está modificando para que podamos pisar los que vamos a pie.

Los ruidos de las máquinas no llegan. A las 9 estamos el que atiende y yo. Y el día empezó al revés.

En la tapa del diario están llorando esa mujer que perdió a su esposo y esos chicos de 10 años que perdieron a su padre.

En la radio se habla de la inseguridad. De ese y de otros casos de inseguridad.

En la televisión se ven los carteles “Gripe porcina” y la imagen es de Ezeiza (aunque no dé para la cargada en la fila de los que llegan desde el exterior hay un chico con la camiseta de Boca). Y en un recuadrito abajo “Reclamo de puesteros de Avellaneda”.

En el teléfono, el encargado del café reclama por el servicio de Internet que no le anda.

Y el dengue. El dengue del que ya no se habla, pero que todavía está.

Es uno de esos días en los que el Estado no está. Uno de los últimos 70.445 días de la Argentina.

Sí, me levanté con discurso político. Pero hasta ahí. El primer cliente (segundo si me cuento a mí mismo) entra y escucho la frase con la que se carga a sí mismo.

-Me lo corté cortito, cortito, ¿viste? -dice antes de que lo cargue por su pelada el que está del otro lado del mostrador: un chico joven que no había visto cuando entré al café ¿habrá llegado después, estaba escondido? Y si fuera así ¿dónde? Porque del otro lado del mostrador es fácil hacer piedra libre.

Una mujer en la esquina come santiagueñas y toma café con leche. No sé si habrá visto muchos informativos sobre gripe porcina, pero las agarra con una servilleta en la mano izquierda y las corta con la mano derecha en la que también tiene una servilleta. Limpia todo. No paga y se va.

El encargado sigue hablando con el proveedor de Internet.

-Ah. Sí, sí. ¿El número? ¿Qué número?

El empleado quiere ayudar y prueba la computadora que está al servicio de los clientes. Y le hace señas de que sigue sin andar.

-No. ¿Ahora? No, no anda -dice reclamator.

Se hacen las 10 aunque el reloj marque las 9. No lo cambiaron de la vez que había que cambiarlo para después volverlo a la hora en la que estaba antes de cambiarlo a la hora que había que cambiarlo. Y mejor no lo tocaron. Porque la verdad ¿qué hora es?

Empiezan los movimientos para el almuerzo.

-Una pechuga de pollo -le dice el empleado a reclamator que ya dejó el teléfono.

Y le pregunta.

-¿Qué te dijeron?

-Que es una falla en el servicio. Que dentro de 48 horas lo van a restablecer -dice reclamator.

¡48 horas para un servicio de Internet en donde un segundo es una eternidad!

Si hubiera Estado…

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