Creo que es a la vez la mayor fortuna y la mayor desgracia que tiene el hombre: el ansia de conocer.
Es maravilloso ese deseo, necesidad humana, de conocer y aprender. Creo que es lo que realmente nos diferencia de los animales. Sin embargo, a veces nos puede jugar malas pasadas. El ansia de conocer nos hace pasar muy buenos ratos pero también nos vuelve locos, nos hace sentirnos más poderosos de lo que somos porque no lo controlamos y al final nos controla a nosotros y sobre todo nos hace infelices.
Yo no sé si los animales son felices o no, creo que simplemente ese sentimiento no les pertenece, pero sé que lo mismo que he disfrutados de momentos muy felices aprendiendo cosas nuevas, descubriendo sitios, personas y cosas, investigando y consiguiendo resultados… también me crea una sensación de insatisfacción e infelicidad difícil de describir. Y a veces observo a la gente muy sencilla, sin estudios… y recuerdo El Quijote que se volvió loco entre sus libros. Quién es más feliz, el campesino con su comida, bebida y familia, que cuando llueve es feliz porque va a tener una buena cosecha y cuando hiela sufre porque la va a perder, o ese “ansioso del saber” que es feliz cuando descubre algo nuevo e infeliz cuando descubre que no era suficiente o que estaba equivocado. Al fina, ¿qué buscamos? la felicidad, los buenos momentos, o qué.
Conozco gente que por suerte disfruta de un nivel económico que le permite vivir sin trabajar y que al mismo tiempo son amantes del saber y llevan ya varias carreras universitarias estudiadas, una vida entera dedicada a la investigación del conocimiento, y no pueden parar. He visto y disfrutado de momentos muy felices en mis investigaciones y estudios, pero me asaltan tantas dudas y he tomado decisiones equivocadas por culpa de esta cabeza loca que tengo, que también he pensado seriamente si me funciona bien o no, y yo quisiera saber cuándo funciona bien la cabeza y cuando estamos locos. Cuándo somos Quijotes y cuándo dejamos de serlo.