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Amistad y “amistad”

La amistad, todo un mundo de posibilidades.

Alguien dijo, ¿o lo dije yo?, la amistad verdadera – el compromiso con tus semejantes de dar sin esperar nada a cambio – puede mover grandes proyectos.

Es cierto que en los tiempos que corren, lo de la amistad es un bien escaso y por tanto muy difícil de encontrar.

No es fácil discernir los límites de la amistad, pues todo habitante de éste planeta tiene unas necesidades para sobrevivir y generalmente éstas se diluyen y confunden en solo capacidad para poner en práctica el egoísmo y por tanto prescindir de lo que le pasa o necesita tu semejante.

Esta reflexión me ha llevado, casi toda mi vida, a tener muy clara la frontera entre la amistad comprometida y la necesidad pura de relacionarse con los demás. Por lo cual siempre fui consciente de la incompatibilidad de una respecto de la otra y resignado a no caer en la mezcla de las dos.

Siempre dije para mí que tenían que ser dos objetivos claramente separados, por un lado se pueden tener amigos y por otro te puedes relacionar con la gente para cubrir objetivos de supervivencia, de trabajo, del mundo laboral o como se le quiera llamar. En éste mundo de relaciones, por tanto, cabe cualquier comportamiento, ya que ahí penetras en la selva y tienes que luchar para conseguir algo; aquí se puede poner en practica lo de: “el fin justifica los medios“. Está todo permitido con tal de conseguir lo que persigues y da lo mismo las armas que emplees en el empeño de la consecución.

En otro plano, la amistad queda reservada y cuidadosamente mimada para mostrarte con transparencia y sinceridad, y hacer uso de ella en escasas ocasiones, cuando la lucha te da una tregua, si es que te la da.

En todo esto creo que es fácil ver que siempre me pregunté: ¿que podría hacer para conseguir que fueran compatibles la amistad y las relaciones de trabajo o de negocios? Nunca encontré la respuesta a esa cuestión. Siempre condenado a sobrevivir y dejar la amistad como un preciado tesoro que es muy difícil desenterrar.

Pasa el tiempo y frecuentemente piensas: “que importante es la amistad“, “quiero practicarla pero no puedo“, “no encuentro a nadie propicio“.

Un día encuentras indicios de que va a ser posible, todos los ingredientes necesarios para realizarlo y otra vez el dilema aparece. Conoces a un grupo de personas y en ellas hay capacidad para la comprensión, la libertad de pensamiento, la ternura, la alegría de vivir y transmitir esa alegría a los demás. Quieres compartirlo y disfrutarlo, conservarlo y cuidarlo, potenciarlo para que dure mucho tiempo.

Ese maldito dilema interfiere implacable, y te ataca, y te dice que cuando afloren las necesidades para sobrevivir tendrás que elegir y conservar a esas personas en un terreno que seguramente no te dejará proyectar alguna colaboración en la lucha por la vida.

Seria bonito poder compaginar las dos amistades, que llegaran a ser solo una, poder querer a las personas por lo que son y no por lo que aparentan…

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