¿Para qué nos sirve la paciencia?
Leyendo esta frasecita “quien harto espera, harto recibe” en el twitter, me provocó escribir sobre una virtud que está en grave menoscabo hoy en día, donde todo lo queremos a la velocidad de un clic, me estoy refiriendo a la paciencia, que bien podría ser considerada como sumisión, conformismo, y todo lo que sea contrario a la rebeldía frente a lo injusto.
Incluso es mal vista en una sociedad en la que definitivamente no está de moda, es también tomada como signo de incapacidad para defendernos frente a las adversidades que podamos encontrar a nuestro paso. Pero acaso la paciencia implica todo lo anterior?, no es mas bien el hecho de encarar todo aquello que nos sucede, opuesto a lo que deseamos, pero con calma. Al igual que el enojo, lo único que logramos con la impaciencia es recargarnos de estrés y ansiedad, efectos que no sólo nos afectan a nosotros mismos, sino también a las personas de nuestro entorno.
Porque nos encanta obtener todo a la velocidad de un clic, como los niños cuando piden algo y hacen cantaleta porque no son atendidos, de igual manera sucede en nosotros los adultos, queremos todo de inmediato, debido a que el mismo sistema nos exige; por ejemplo en el trabajo, la productividad va asociada a la rapidez con la que se obtengan resultados; luego, en un evento de sano esparcimiento, nos urge llegar rápido para ocupar los primeros asientos; en la escuela, instituto o universidad para recibir un premio, el primero que responda a la pregunta, tendrá x puntos sobre el examen.
En conclusión la velocidad con la que actuemos es un factor preponderante para obtener el éxito en cualquier campo. Y no es malo querer alcanzarlo, pero si nos cuesta un poco, lo valoraremos mucho más. Prueba de ello es que nos cansemos tan rápido de cosas que obtuvimos, que al final sólo nos sacian momentáneamente, aunque tal vez las queramos de forma permamente. La impaciencia hace de nosotros personas sin perseverancia, personas que optan por responder apresuradamente y sin pensar bien las cosas, personas poco reflexivas, personas que pierdan los estribos fácilmente.
El ritmo de vida y la competitividad nos exigen movernos rápido, es como si luchásemos contra la corriente, además no queremos sentirnos frustrados e impotentes, nadie quiere eso. Sabemos que todo en exceso es dañino por tanto por ende eso cumple con la paciencia también; aprender a ser pacientes ahora, es complicado, cuando de niños, nadie nos enseñó a esperar nuestro turno, y con tal de callarnos cumplían nuestros caprichos de forma instantánea; sin embargo si controlamos nuestro temperamento, observando qué de bueno esto nos produce, cómo afecta a nuestras relaciones con el resto, empezaremos por darnos cuenta que la paciencia, aunque suene a locura en estos tiempos, puede traernos satisfacciones que perduren en el tiempo.
Ser pacientes es saber qué todo va a llegar en algún momento, sin pensar siquiera en que la espera nos está robando tiempo, tiempo que no estamos dispuestos a “perder” sin tener alguna certeza, sospechando que pudiese ser en vano.
A la velocidad de un clic, clic izquierdo, clic derecho, doble clic y ya está!, ahh! y cuanto menos palabras emplees para decirme algo mejor, que para luego es tarde. Es sólo un ejemplo de cómo funcionan las cosas, justificándolas bajo el concepto de calidad de vida.