Mi punto de vista acerca de una fiesta absurda de Halloween pero divertida para muchos, o un tributo mexicano a nuestros queridos difuntos.
Halloween era un festival que celebraban los celtas, señalando el principio del invierno. Los celtas eran una sociedad controlada por sacerdotes driudas en regiones de Irlanda, Inglaterra y parte de Francia. Dicha sociedad adoraba y servía a Samhain, dios de la muerte.
Cada 31 de octubre celebraban los druidas su año céltico en honor a su dios, brindandole sacrificios animales y humanos.
En la noche del 31 de octubre los druidas pasaban casa por casa pidiendo una ofrenda, pero si no estaban contentos, exigían más con un trato o truco, el trato era tomar más de lo ofrendado y truco era un castigo por no proporcionar mas ofrenda, como quemando cosechas, matando ganado o robando a la doncella. Después las ofrendas las depositaban en fogatas (fogatas significa “huesos en el fuego”), para después adorar a su dios.
Cuando recogían las ofrendas iluminaban su camino con nabos huecos con una cara diabólica al frente, lo que representaba un espiritu, dicho nabo en la parte hueca depositaban las velas para servir como linterna.
Cuando llegó a América esta práctica no había tales nabos así que lo sustituyeron por un vegetal nativo, los cuales eran las calabazas con la vela dentro de ella.
Poco a poco esta “fiesta”, se fue incorporando a nuestras festividades hasta convertirse en fiestas populares en Estados Unidos y en algunas partes de América Latina, sin saber que esto es un rito y costumbres derivadas del culto hacia Satanás.
Esta festividad tiene como propósito acercar a los niños y adultos con la idea de lo que es la muerte, para que lo vayan aceptando como parte inevitable de la vida. Más que el hehco de morir, importa más lo que sigue al morir.
Esta celebración conserva mucha de la influencia prehispánica del culto a los muertos, las encontramos en Tláhuac, Xochimilco y Mixquic, lugares cercanos a la ciudad de México. En el estado de Michoacán las ceremonias más importantes son las de los indios purépechas del famoso lago de Pátzcuaro, especialmente en la isla de Janitzio. Igualmente importantes son las ceremonias que se hacen en poblados del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca y en Cuetzalán, Puebla.
Sobre sus altares encienden velas de cera, queman incienso en bracerillos de barro cocido, colocan imágenes cristianas: un crucifijo y la virgen de Guadalupe. Ponen retratos de sus seres fallecidos. En platos de barro cocido se colocan los alimentos, estos son productos que generalmente ahí se consumen, platillos propios de la región. Bebidas embriagantes o vasos con agua, jugos de frutas, panes de muerto, adornados con azúcar roja que simula la sangre. Galletas, frutas de horno y dulces hechos con calabaza.
A fin de cuentas es una ofrenda para nuestros difuntos que pasaron a mejor vida, otorgandoles una variedad de lo que más les gustaba en vida.
Entonces finalmente “yo” creo que halloween es una fiesta la cual no se debería de nombrar, pues la comparan como si fuera nuestro día de muertos, pero no tiene ninguna relación, pues nuestra festividad muy mexicana es solo recordar a aquellos que nos acompañaron y dejaron lo mejor de su vida en nosotros.