El misterio del tiempo y la odisea del hombre en medio del esplendor y la guerra.
Imaginemos un mar de esteros turbulentos en incesante peregrinación de lenguas, de manera que cada choque de corrientes engendre un haz de luces inseguras. ¿De dónde los faraones, las pirámides, este devenir mítico encerrado en millones de años que es, por cierto, un simple instante del universo mundo? Allí está el cantor inspirado en un cúmulo de imágenes, sentado, recibiendo el fulgor de los desiertos. Allí las profecías de hambrunas ante la previsión de la guerra. Y con ella el giro del zodiaco y una reina gobernada por los astros.
Indómitos cazadores del Sahara, impenitentes conquistadores del Nilo, de ustedes somos sucesores en la primitiva gesta tecnológica. La máquina más perfecta en nuestros días es una simulación ante lo arcano. Devuelvan la energía del canto, el vigor incomparable del rito, el silencio imperecedero del desprecio. Sirvan las deliciosas viandas, el vino de sus dioses, y avancemos con optimismo contra el largo viaje de la muerte. Que hablen los metales y el papiro, las tumbas y la piedra.
Imaginemos al hombre trasladando su hazaña con las fieras a la dura roca, e intentemos precisar la ruta de los navegantes del cosmos, escaladores de la inmortalidad,emisarios del uro y de la vaca. Son guerreros. Bajo sus pies aún rutila la arena del sol. Porque nada hay en la quietud baldía, el cielo registra la lucha cimera.
Imaginemos al viejo Herodoto al pie de las pirámides con ese perro de hormiga en su mollera. Excelentísimos y cortesanos: ¡El pueblo entero se reirá de sus torpezas! Dejen ver el relieve del orador, del batelero. Canten a los ríos como antes cantó un poeta al Cauca hondo. El libro fénix no devolverá el sabor de la cerveza al paladar de los niños. Intento de la sabiduría por domesticar, previa asunción del alma solitaria. Digan en qué instante, bajo qué impulso la rueda del alfarero cobra su venganza. Porque este es el gran río de la poesía del mundo. Y el horror del infierno no será revelado.