El tiempo había pasado muy poco a poco, pero no hacían falta más días para darse cuenta que en tan sólo dos meses le había cambiado la vida por completo.
Hacía dos meses, el anonimato había huido de su vida sin quererlo verdaderamente. En dos meses, había quemado una etapa para dar paso a un futuro inmediato.
Los medios se encargaron de ofrecer su identidad en bandeja, y mientras tanto, ella se arrepentía en parte de todo lo que había pasado. Su campaña publicitaria había sido inesperadamente todo un éxito, sotavalorant la competencia merecedor de más de un premio. Sonreía con miedo, se sentía culpable de un mérito atribuido a ganas de superación. Y ahora, cada carácter en aquella hoja de papel pixelado, le recuerda aquella noticia que aún no ha asimilado.
Es bien cierto que para tener los pies en el suelo bastaron los siete exámenes más decisivos de su vida. Esos tres días de tensión culminaron con un resultado no muy satisfactorio para ella, pero menos desegradables gracias a las personalidades radiofónicas que animaron aquel inicio de verano y que le recordaron que los éxitos se deben a esfuerzos.
Pero una vez conocidos los resultados de su futuro más inmediato, le tocaba tomar una de esas decisiones que cambian el rumbo de la vida. Si es verdad que su felicidad valió doce euros en un primer momento, en segunda instancia, ese valor se multiplicaba medio millar de veces. Todo por un futuro egoístamente feliz.
Al final, tan poco a poco como pasa el tiempo, los problemas se van resolviendo, dejando paso a la ilusión y la esperanza de que no se perdieron en medio de la desesperación.
¡Ya casi puedo tocar con las manos el mundo universitario!