Este muy misterioso reloj estaba situado al centro de la gran habitación, y como curiosidad, nunca había dado las doce.
Durante la Segunda Guerra Mundial, dos ciudadanos checos, quienes lograron la hazaña de fugarse contaron, cuando llegaron a Londres la siguiente historia.
Tiempo antes de que el ejercito nazi invadiera Checoslovaquia, existía una vieja villa en Moravia habitada por el doctor Otakar Sedlacek, un anciano de unos ochenta años y que era muy conocido en todo el país por su extraña colección de relojes.
El doctor Sedlacek nunca salía de su casa y mas bien parecía un preso entre su gran colección de quinientos relojes, pero cuando era visitado, solía explicar, a sus mas íntimos amigos, el significado, el mecanismo y la historia de cada pieza de su museo con la gran excepción de uno que el llamaba “el reloj de la muerte”, y que según decía, fue construido para volar todo un palacio.
Este muy misterioso reloj estaba situado al centro de la gran habitación, y como curiosidad, nunca había dado las doce.
Cuando ocurrió la ocupación de los nazis, cuatro agentes de la Gestapo hicieron una visita al doctor para averiguar sobre el paradero de su hijo, que al parecer había ya huido del país para continuar su lucha contra los alemanes.
Los agentes quedaron bastante interesados por aquella casa convertida en museo, y a los pocos momentos le informaron al doctor que tenían expresas instrucciones de trasladar toda la colección de relojes a Berlin.
El viejo doctor manifestó estar de acuerdo y gentilmente invito a los agentes a volver a ultima hora esa noche para dar detallada cuenta de su colección.
Los agentes alemanes volvieron, como estaba convenido, y acompañados por dos jefes más.
Momentos después, pasada la medianoche una violenta explosión hizo temblar a toda la villa.
El anciano doctor había preparado su extraño reloj de la muerte para que diera las doce campanadas.
Antes que los bomberos llegara a sofocar el fuego, la antigua casona había reventado en mil pedazos al igual que un polvorín.
A la mañana siguiente fueron encontrados entre los escombros los calcinados cuerpos del doctor Sedlacek y de sus seis visitantes.
La magnifica colección de relojes había sido reducida a un montón de engranajes ennegrecidos entre trozos de mármol. Pero aparecía entre tantos trozos de metal una esfera de un antiguo reloj que se veía casi intacta, y en ella se podía apreciar la siguiente leyenda:
“La hora da de campanadas una vez para todos los hombres”.
por favor quiciera encontrar familiares en cualquier lugar del mundo, para poder saber algo mas de mis raices.
mi abuelo nacio en checoslovaquia se llamaba emanuel sedlacek.
gracias elizabeth
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