La aceptación de nuestra condición humana, endulzada con poesía y encendida con la alucinación de una embriaguez dionisiaca. ¡Salud!
Era como ver una película muy agitada en la cual ella era parte de la escenografía. Su cadáver no sonreía, y vestía una blusa caqui; su nariz estaba algo retorcida, así había nacido, pero en aquella representación parecía que se enderezaba apuntando al cielo. De pronto recordó una de las tantas preguntas que atravesaron su mente en el cuarto, la pregunta que había incitado la cucaracha muerta y otra interrogante se abrió ante ella: ¿Cuándo se ha visto que a la gente la velen boca abajo? Por primera vez desde que había llegado a ese lugar, Andrea esbozó una sonrisa que fue interrumpida por el crujir del suelo bajo ella, se agarró entonces ferozmente de las espinas justo a tiempo para percibir que la tierra se derrumbaba. Perdió pie y una brisa ligera rozó sus piernas, delatando un vacío aterrador, y empujándola a aferrarse aún con más fuerza pero sus manos se encontraban a punto de ceder ante las lacerantes espinas. Prefirió dejarse caer. Al fin y al cabo, ya estaba muerta.
Si se pensaba que al infierno se cae una vez, se está equivocado, Andrea cayó dos. El golpe no le dolió en lo absoluto, aunque tenía un extraño miedo que le impedía abrir los ojos. Sus párpados estaban tan apuñados que uno hubiese creído que en cualquier momento se le iban a enterrar en los globos oculares. Al abrirlos, por fin, se encontró en la playa, la arena dorada era muy fina y formaba un gran espejo con el agua que la barría constantemente. Se sintió en un instante liberada y decidió correr con el sol en sus pies y corrió y corrió hasta que sus piernas desaparecieron y emprendió el vuelo, hundiéndose en las nubes, con el sol siempre a su lado.
Este tambien me gusto mucho jeje
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