Durante un tiempo conseguí retractarme. No hacía viento y yo, en el fondo, era lo que quería.
Después de comer, fue cuando empecé a escuchar helicópteros y mucha gente fuera, delante de casa. Salí al balcón, maldita curiosidad, y vi el panorama. Detrás del bloque de pisos donde vivía, una columna de fuego de unos diez metros de altura se interpuso en mi vista. La gente gritaba. ”Los cipreses!”, Grité. Yo no sabía qué hacer. No corría peligro allí donde estaba, pero los helicópteros me advierte que saliera de allí por seguridad. Hacía tramontana, y eso dificultaba la tarea de los bomberos. Volví dentro y fue entonces cuando empecé a recordar. Cipreses, fuego, la gente gritando. Esto es lo que había soñado! No me lo podía creer. Un sueño premonitorio? No podía ser.
Una vez extinguido el fuego, salí hacia la zona del incendio para averiguar qué le había provocado.”Unos petardos”, decían algunos. ”Una cigarrillo”, decían los demás. El caso es que por inútil que pareciera, yo me sentía responsable de ese espectáculo. Volví a casa asustada. Abrí el ordenador y escribí en el buscador: “sueños premonitorios”. Más de seiscientas entradas. Quería encontrar alguna respuesta a todo aquello. Estaba asustada, esta vez no por la posibilidad de recordar pesadillas, sino de que estos se hicieran realidad.
Pasé toda la tarde y toda la noche preocupada. Animarme de una posible casualidad no me ayudó a dormir. Temía que lo que soñaba fuera realidad. Desgraciadamente, conseguí dormir. No más de dos horas de sueño hicieron falta para que mi despertar fuera el más incómodo que nunca. Aquel día tampoco recordaba que había soñado. La tramontana no disminuía y yo estaba desesperada por saber qué me pasaba.
Estaba ya tan confusa que no sabía si estaba viviendo dentro de mi propio sueño, o si estaba soñando la realidad.