content top

Sonríe para mí

Amor y esperanza.

Abro los ojos, sobresaltada. Aún es de noche, no ha amanecido. No estás, tu lado está vacío. Me levanto a por un vaso de agua, y acto seguido me inclino ante el lavabo, pues tengo una arcada. Los nervios. Mi estómago está revuelto y me lo quiere hacer saber.  Me preparo una infusión de manzanilla y mientras se calienta el agua, los recuerdos del día anterior vuelven a mi cabeza.

Discusión de las grandes. Ya no hay esperanza para nosotros. Ya no puedo ver tan claro como antes, el futuro junto a tí. Años de risas y de lloros, años llenos de minutos y horas compartidas, a veces malas y muchas mejores. Pero algo está cambiando, lo noto. Porque ya no eres el mismo, desde hace meses tu carácter, antes divertido y jovial, se ha convertido en un gruñido constante. Estás triste, enfadado, algo que no reconozco en ti. Y sólo se me ocurre preguntarte qué te pasa, qué te ocurre. Pero no me lo dices. Te limitas a mirarme, y mover la cabeza en un gesto negativo. Y ayer estalló la guerra.

Voces, reproches, gritos y las lágrimas de ambos escapando. No conseguimos llegar a nada, a ningún acuerdo, las palabras quedaron en el aire. Te marchaste, me dejaste sola, y yo te quiero. Aún te quiero y te espero.

De repente me doy cuenta de que hay un sobre pegado en la nevera. Lo abro.

“Cariño mío, lamento todo lo que ha pasado estos últimos meses, sobretodo lo ocurrido ayer. He intentado seguir  con mi vida igual que siempre, pero es evidente que no lo he conseguido, al contrario, lo he empeorado, y de qué manera. Estoy enfermo, cariño, me quedan apenas unos meses de vida. Y se me ocurrió la absurda idea de no decírtelo para que no sufrieras. Me ha salido el tiro por la culata. Qué estúpido he sido. Sólo puedo decir que lo siento desde el fondo de mi corazón. Ahora sabes porqué he estado tan arisco, tan ausente. Pero he decidido que lo que me quede de vida lo aprovechemos al máximo. En este momento, mientras tú lees esto, estoy de camino a una agencia de viajes, para recoger dos billetes a la Toscana, donde siempre hemos querido ir. Llegaré enseguida. No llores, sonríe para mí, ¿lo intentarás? Te quiero, mi amor”.

Me quedo helada. Mi sangre no corre por las venas, apenas puedo respirar. Me mareo, me tengo que sentar. Mientras intento asimilar la horrible noticia, suena el teléfono. Corro hacia él.

“¡Oh, dios, lo siento, cariño…! digo al descolgar, pero una voz de mujer me hace saber que no es él. Se presenta, es la coordinadora del hospital. Pregunta por la mujer de Sergio. Ha tenido un grave accidente con el coche y me dice que vaya urgentemente. 

Llego con el corazón en un puño. Y me comunican que mi marido ha fallecido. Un oscuro velo me nubla la vista y caigo al suelo.

Al despertar, estoy en una camilla, una doctora habla conmigo. Lloro desconsolada, no soy capaz de asimilarlo. Quiero morir, quiero irme con él. No quiero seguir en esta vida sin él. Me derrumbo. La doctora me deja desahogarme. Me abraza y me dice unas palabras que me dejan absolutametne descolocada: “Lo siento mucho, pero debes ser fuerte. Tienes que intentarlo pues tu bebé lo va a necesitar”. Mis ojos la miran, y mis manos instintivamente tocan mi vientre. Un bebé, nuestro. Una semilla de esperanza.

3
Liked it
Etiquetas: , , ,
votar


4 Responses to “Sonríe para mí”

  1. PPDDFF dice:

    Hola Lorena, te digo que logras bastante intrega en pocas lineas.

    ¡Buena publicación!

    ¡Saludos desde Venezuela!

    PPDDFF

  2. bettys white dice:

    Hola Lorena!!! muy conmovedor!!! me gusto el poema, y es verdad, un niño trae, vida y esperanza!!! muy bello de verdad!! saludos desde Argentina. Bettys

  3. sinpalabras dice:

    Como estas Lore a los tiempos, simplemente me encant y la verdad lo bueno se hace esperar.
    Saludos desde Ecuador.

  4. Mª JJJ dice:

    Una historia conmovedora, ¿como logras narrar tanto en tan poco?, es maravilloso, ADELANTE………..

Leave a Reply