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Sobreprotección

Enseñar los elementos para vivir, es mejor realizarlos por los que tienen que aprender a vivir.

-No puedo, cada vez que lo intenté me aprieta muy fuerte la muñeca para que no lo haga. Ella es mi única compañía mientras vos no estás.

-Eso no es cierto, tenés una hija, que ya es mujer, con ella podés conversar.

-Marcela entra y sale de la casa sin hablarme, no tengo ningún tipo de conversación con ella.

-Dejá de fantasear o yo me voy de esta casa con mi hija, porque vos sos un peligro para todos.

Ada empezó a sentir miedo de quedarse nuevamente sola y ahora perdería a su hija y prorrumpió en gritos furiosos.

Carlos le dijo que tenía una solución perfecta, la llevaría a un psiquiatra para que la ayude. Ella se negaba diciendo que no estaba loca, tuvo conversaciones muy largas con su pulsera hasta que un día se encontró con el psiquíatra en su casa. Carlos había pensado que si Ada no quería ir lo mejor sería llevar al psiquíatra a la casa.

Comenzó contándole su infancia, como María se ocupaba de todo problema que le acontecía hasta que al cumplir quince años le regaló una pulsera que la acompañaría de por vida.

Fue muy difícil hacerle entender que estaba viviendo una fantasía, que era necesario separarse de su pulsera y empezar a tomar sus propias decisiones que lo que le sucedía era que tenía miedo de equivocarse.

-No, yo no tengo miedo de equivocarme, simplemente necesito alguien que lo haga por mí.

-¿Por qué decís que tu marido te engaña?

-Me lo dijo la pulsera.

-¿Qué vas a hacer?

-Voy a consultarle lo que debo hacer.

-¿Vos que harías?

-Lo mataría.

-Vos no sos una asesina, aunque fuese cierto no podés matar y mucho menos porque te lo dice una pulsera.

-Mi pulsera no miente y no quiero hablar más.

Ada salió de la habitación dando un portazo. El psiquíatra al despedirse de Carlos le dijo que lo más conveniente era internarla porque era peligrosa para ella misma y para terceros, debía estar controlada. Carlos consintió en internarla, a la fuerza porque ella se negaba inútilmente ya que fue internada durante varios años.

Al cabo de esos años salió totalmente cambiada, durante la internación le pudieron sacar la pulsera que como le apretaba se la cortaron y fue ese corte el que la separó definitivamente de la imagen de su madre. Solo recordaba a la pulsera como una pesadilla de que la habían hecho despertar aunque temía que a su hija le sucediera lo mismo que a ella pero Marcela había heredado el carácter independiente de su padre por lo que nunca pidió consejo a nadie.

A María la recordaba como cualquier hija que recuerda a su madre sin culparla por no haberla preparado para enfrentar la vida.

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