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Sexo con mis pacientes

La esposa, más que sentirse engañada, se sintió sucia, ofendida. Prefirió dejarlo todo e iniciar una nueva vida.

Él se mantenía ocupado con su trabajo, era medico y su alto conocimiento, aumentaba el numero de pacientes. Los atendía con el profesionalismo propio de aquel que se entrega en cuerpo y alma a una profesión, inclusive fines de semana.

Su matrimonio era exitoso, ejemplo para muchos. Sus ingresos económicos permitían una vida afable, justa, merecida.

Cierto día, inmerso el en la monotonía, pensó que una aventura no le vendría mal, incomodar la adrenalina de su ser, seria interesante. Sin mucho esfuerzo una de sus pacientes cayó en sus manos, tuvo sexo desenfrenado y loco con ella. Fue la primera y placentera vez, inicio del ocaso.

Su esposa nunca lo notó y no habría la necesidad tampoco, la secretaria de su esposo era una señora bastante mayor, que había trabajado incluso con su padre y era de total confianza. Las pacientes son de paso, nunca algo formal y además a favor de la esposa, su amado era calvo, gordo y nada atractivo. Aun así, el le era infiel.

Vivían en una ciudad pequeña, más rural que moderna, todos se conocían con todos y aun así, el pecado del doctor nunca se hizo evidente. Sus servicios eran comentados en los alrededores y expandió su actividad médica a varias poblaciones aledañas.

A la par con la medicina, estudio sobre los deseos sexuales de sus pacientes y sus actividades cotidianas, milimétricamente realizaba su actividad infiel sin ser descubierto en casa. Le satisfacía lo que hacia, el doctor amaba ser infiel, lo que empezó como una aventura, ahora le copaba su mente.

Siempre quería experimentar cosas nuevas, era amante de las ayudas sexuales, y todas sus lujuriosas necesidades las acompañaba de productos propios de la actividad amatoria, aceites, jaleas, aparatos eléctricos y demás.

Nunca abandonó su tarea, cada nueva paciente era una víctima potencial de sus deseos reprimidos. Según las investigaciones, su secreto radicaba en el tamaño de su pene y la excelente estrategia de tocar a sus amantes. Usaba las manos con una delicadeza extrema y justo en el sitio exacto del deseo.

Comentaba la esposa que nunca sospecho nada, ni una llamada, ni un papel escrito, ni una cita a ciegas, nada. Solo recuerda que alguna vez su esposo le rechazó por cansancio, cosa extraña en los hombres.

Pero entre el cielo y la tierra, nada esta oculto, un día que la esposa decidió darle una sorpresa de aniversario, opto llegarle de manera imprevista a su consultorio, recordó que entre sus cosas personales, el esposo guardaba una copia de las llaves del consultorio y las tomo ingenua de lo que descubriría.

Llegando, saludo a la secretaria de su esposo, indicándole no ser anunciada por la sorpresa que le tenia preparada. Ella deslizo la llave por el ojo de la cerradura, abrió…y la sorpresa fue para la esposa, su cara lo dijo todo, encontró a su esposo en pleno acto sexual con una de sus pacientes. Pantalones por las rodillas y le penetraba por la espalda con deseo espontáneo y rítmico.

Las llaves cayeron al suelo, segundos después cayó la esposa, fue tal su golpe emocional que aun hoy en día, recibe terapias de ayuda sicológica. Cuando en determinado momento y por efectos de curar su profunda herida, debe nombrar a su esposo, se refiere a el como el ser mas desagradable, inmundo, depravado y horrendo de este mundo.

El esposo nunca se mostró arrepentido, con frialdad de muerte manifestó haberse dejado llevar por las circunstancias.

En el manifiesto escrito del juzgado que condenó al esposo, se leía en la hoja de datos personales:

  • Nombre: Juan Pérez
  • Edad: 44 años
  • Estado civil: Casado
  • Profesión: médico especialista
  • Especialidad: veterinario
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