Dos amigos salen de un velatorio y conversan a la orilla del río sobre la existencia de Dios.
Recién salidos de la sala velatoria caminábamos por la costanera, mirando el río. Fernando me dijo indignado consigo mismo que fue creyente hasta sus 25 años de edad. Que no entendía cómo había podido ser tan idiota de creer en Dios, y con eso haber insultado su inteligencia. Habló así durante varios minutos, con verborragia, como no era muy común en él. Después me preguntó qué pensaba.
-Yo tampoco creo en Dios -le dije-. Pero no por eso me creo más inteligente. No entiendo qué tiene que ver una cosa con la otra.
-¿No te sentís mas cerca de la verdad? -preguntó.
-Es que no sé si es verdad. Además no es una decisión intelectual. Mi abuela cree en Dios, es practicante, y para ella tampoco es una decisión, lo siente así. Yo también lo siento así.
-¿Sentís que Dios no existe?
-Sí. De todas formas habría que pensar a qué nos referimos cuando decimos “Dios”.
Fernando sacó los cigarrillos y me ofreció uno. Había dejado de fumar pero lo acepté para darme una licencia en medio de tanta melancolía y dolor.
-Cómo puede ser que alguien tan grande como tu viejo esté muerto ahora.
-Las cosas no tienen sentido, se lo damos nosotros. Shakespeare dijo algo así como que “la vida es un cuento sin sentido contado por un idiota”. Lo único qué te puedo decir es que siento que mi viejo no está en cielo ahora mismo. Mi viejo se murió y ahora no es más que el recuerdo que tenemos de él. ¿Te creés que eso me puede poner contento?
-Estas tranquilo.
-Sí. El cáncer es una enfermedad terrible. Está mejor muerto que como estuvo estos tres años.
Paramos de caminar y nos pusimos frente al río. La brisa nos despeinaba y nos regalaba un poquito de aire puro.
Después de unos minutos, Fernando volvió a hablar:
-No creo en Dios y tampoco pretendo que los demás piensen como yo, pero no puedo evitar sentir que estoy en lo cierto.
-Eso está bien. No pasa nada, quedate tranquilo… Igual de este jueguito no salimos vivos. Ni vos ni yo.
-Yo fui monaguillo.
-Jajaja, yo también.