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Recuerdo en el espejo

Recuerdos, tras los años, de un joven amor, de un encuentro y despedida.

“Vi tus ojos hoy, detrás de los vidrios de un ómnibus viejo, esos Leyland que aun deambulan por nuestro Montevideo.”

Los esfuerzos del Flaco por  recordar no daban fruto.

Esas, eran la pocas palabras  que recordaba de lo escrito hace años, palabras refugiadas en un rincón de su cansada memoria.

La gran puerta verde de su antigua casa, los escalones, la cancel, donde tantas veces se habían detenido los dos, besándose, sintiéndose como si el tiempo les estuviera jugando una carrera. En esa época,  ninguno de los dos quería dejar huir los besos, las caricias, el deseo, la juventud no los dejaba intelectualizar el calor, el fuego de los labios, la libertad pactada, el acuerdo tácito de vivir el amor.

El flaco, estaba con la cabeza apoyada sobre sus manos, manos que se de hundían en la almohada.

Retiró la derecha alcanzando el vaso de whisky  y bebió. Bebió y se quedo con un trozo de hielo que deshizo entre sus dientes.

Terminada su relación con el vaso volvió a mirar el techo. Techo Sucio, húmedo, abandonado, compañero fiel, casi un amigo.

Las manchas sugerían mundos llenos de  fantasías, daban rienda  suelta a su aburrida imaginación. Veía figuras, mapas de lugares inexistentes. Vio extintos animales luchar entre sí. Se figuró perversos placeres ocultos y convencionales lugares comunes.

Recordó de pronto, la tarde en que ella llego para irse.

Subió hacia el pasado para darle el golpe de gracia. La tarde en que se amaron como despedida, un adiós silencioso, con el dulzor y la amargura de amarse y saberse ajenos. Actores  protagónicos de un pasado que no podrá volver.

Los muebles, las ventanas aun sabían su nombre. El aire tenía su aroma de mujer. Las cosas no la habían olvidado.

En las noches, su cuerpo, su cuerpo desnudo aun deambulaba por la casa fría sin ella, casa sola sin sus pasos, sin su risa, sin su voz.

En la penumbra del cuarto, el Flaco la veía trozar lo vivido en partes.

Veía como su silueta, cruel, partía las partes, deshacía las partes en partes y  huía, escalera a bajo, pisando las baldosas del afuera, de los días que vendrían tras matar los recuerdos y sembrar adiós.

Partes el tiempo y te vas. Pensó mientras llenaba el vaso nuevamente y lo vaciaba de un sorbo.

Una araña tejía su tela con envidiable precisión. De un lado a otro su hilo siniestro daba formaba a una malla de muerte y de vida. Decenas de arañitas esperaban nacer.

El Flaco sopló fuerte y la tela vibró, se arqueo sin romperse. La araña quedo inmóvil por un instante. Pasado el peligro retomo su trabajo.

El pico de la botella dejaba caer las últimas gotas dentro de vaso. El rostro de ella se aferraba a sus pupilas. Sentado en la cama, con los pies descalzos en el piso de madera, se refregó los ojos y bebió el final.

Ya no había más tiempo. Ella se había ido. El silencio de la casa lo aturdía, lo volvía loco. Creía escuchar pasos, ruidos rutinarios, risas, besos, voces buscando a su dueña como un perro, voces que quedaron huérfanas de ella.

El Flaco se incorporo lento, con la dificultad del momento. Camino unos pasos. Entro al baño. Se mojo la cara. Despacio levanto la vista buscando el espejo.

Su rostro mojado recibió el reflejo, la mirada de su amor ausente sonriendo en el tiempo.

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4 Responses to “Recuerdo en el espejo”

  1. GABY dice:

    QUE HERMOSO Q ESCRIBIS, ME PREGUNTO INSPIRADO EN QUE O MEJOR DICHO EN QUIEN

  2. mariocesar dice:

    Bueno , me gustó compatriota . Hoy escribí algo sobre Montevideo también. Suerte

  3. Jerry Thomas dice:

    Hola Bukos, buena descripición de recuerdos y vivencias, del amor perdido, y de un final con el reencuentro de la soledad y las voces y ecos de un pasado.

    Saludos

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