content top

Perdiendo el miedo

El miedo desde la mente de un niño.

El reloj marca las cinco de la mañana, en la radio se escucha una leyenda urbana. La mujer que prepara el desayuno parece disfrutar de este tipo de historias. En la mesa, muy nervioso se encuentra su hijo, con rostro desencajado pareciera querer alargar el momento para nunca salir a la calle.

A sus once años, y por vivir en un poblado alejado de la ciudad, sale cada mañana de su casa para tomar un camión que lo lleve a su escuela, son varias calles las que tiene que caminar antes de poder abordar su transporte.

Pero si algo lo atemoriza es sin duda aquel descuidado parque, carente de iluminación, víctima de adolescentes que aprovechan su obscuridad para crear desmanes. Con unos cuantos árboles que no recuerdan haber sido regados alguna vez, y que parecieran quejarse cuando el fuerte viento los azota.

Aquello mide 100, 120 metros a lo mas, pero si estamos en la mente de un niño, aquello puede medir kilómetros, kilómetros llenos de terror. El mínimo sonido exalta los nervios, las sombras que crea el reflejo de la luna crean figuras inesperadas.

La mujer besa la frente del pequeño al mismo tiempo que expresa su bendición. Aquí empieza mi diario calvario, supongo que ya te habías percatado que aquel niño se trata de mi.

A cada paso que doy me encuentro mas cerca de aquel infierno, al mismo tiempo que me repito una y otra vez que hoy no voy a tener miedo, que no hay nada que me pueda alterar en aquel lugar. Mis pies no piensan lo mismo, entre mas cerca mas difícil hacerlos obedecer.

Según mi madre debería voltear a ambos lados antes de cruzar alguna calle. A esta hora no hay nadie en ninguna de ellas. Y tomando en cuenta las circunstancias, lo que menos necesito es buscar algo que no quiero encontrar. Así que el plan es simple, no pienso voltear pase lo que pase, oiga o sienta.

Solo falta una calle para llegar al parque, debo concentrarme al máximo y es aquí donde va a ocurrir. La sensación es completamente desconocida, mis pies están completamente fríos. Pareciera como si el viento dejara de soplar para que yo pueda escucharla claramente, es una anciana, creo que lo es por su voz. Ella dice “espera chico”, no se que hacer, ni siquiera puedo voltear a verla.

De pronto, mi mano es sujetada por la suya, una sensación recorre todo mi cuerpo y no puedo distinguir que es, no es frío pero tampoco calor. No me atrevo a mirar sus pies, se que sus pies flotan, lo puedo jurar. No tiene ojos, estoy seguro que no tiene ojos, no pienso confirmarlo, ni loco, pero lo puedo sentir.

Después la voz, ¿que tiene su voz?. Ella dice “lo siento, no quiero asustarte. Solo quiero tu compañía para cruzar el parque, me causa demasiado temor hacerlo”. No puedo creerlo, esta mujer me esta matando de miedo y piensa que yo la puedo ayudar.

He logrado llegar a la parada del camión, no cruce palabra alguna en todo el camino, ni siquiera se si puedo hacerlo, solo quisiera poder soltar su mano. Un camión se acerca, no es el mío, no tengo idea a donde se dirija, pero es mi mejor oportunidad para salir de ahí. De un solo golpe libero mi mano, subo de prisa al camión, y parado en su pasillo recupero ligeramente mi seguridad.

Ahora me invade la curiosidad por saber que fue aquello que tanto me altero, corro a la primera ventanilla libre que encuentro, pero ahí no hay nada. El camión empieza a avanzar, y mi búsqueda es en vano. Tengo la sensación de que algo me falta, pero no averiguo que es.

Han pasado varios años de aquella mañana, pero solo necesite un día para descubrir que era aquello que había robado en mi. Mi miedo.

1
Liked it
Etiquetas: , ,
votar


One Response to “Perdiendo el miedo”

  1. Merry Luna dice:

    Felicidades Davidgarli!! Gracias por enseñarme una mas de tus virtudes y por alimentar mi imaginación!!! Espero nos sigas deleitando, mucho exito!!!

Leave a Reply