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Pequeños trozos de realidad 2

Bajo la tutela de los ocho.

Continúa de Pequeños trozos de realidad 1.

Levantarse pronto, comer alguna cosa que haya por ahí aún abierta… y directo al sofá a vegetar un poco. Las mañanas de los Sábados son horribles, nunca hay nada en la tele. Con la maldita TDT ahora es peor incluso, miles de canales con gente guapa intentando vender que lo que hay escrito entre las letras “C_SA” es casa, incitándoles para llamar a tan complicada adivinanza. Pobres viejos.

Pasado mi letargo mañanero de los Sábado ya estaba con las pilas puestas. Un par de llamadas, mensajes, y todo organizado para quedar con los amigos para jugar al Padel. Con mi raqueta del Corte Inglés y ya vestido con mi pantalón corto salí de casa en dirección al estadio de deportes.

Allí estaban mis tres amigos esperando, Antonio, Alberto y Ricardo, todos ellos vestidos también listos para sudar lo que nos metemos durante la semana.

Gané todos los partidos que jugué jugase con la pareja que fuese. Realmente soy bueno a esto de darle golpes a la pelota y hacer correr a mis amigos.

La verdad es que también es así en la vida real. Yo complico todo y ellos son los que correr a arreglar mis pelotas a la esquina.

Como siempre al acabar toca la ronda de cañas, pagadas claro por el que más partidos ha perdido. No es que sea una rata, pero cuando hay dinero por medio, la verdad es que me esfuerzo el doble.

Llegó por fin la noche, con nuestras mejores galas, las de siempre de los Sábados a salir un poco con los amigos, emborracharnos y ver a que hora llegamos a casa.

Cada día quedamos más tarde, nada de cenar ya juntos, cada uno en su casa, y vernos ya sólo para beber, y salir de bares. Ver si encontramos alguna chica guapa y quien sabe.

Fuimos de bar en bar, con lo de siempre, de cubata en cubata aumentando nuestro estado de alegría colectiva. Juraría que hablamos de mil cosas, pero nunca me acuerdo al día siguiente de qué cosas decimos o qué nos contamos. Por eso cuando estamos ya sobrios y hablamos de lo mismo nos invade una sensación de deja vú generalizada. Pero sabemos que es normal, y nos sirve para activar esa parte de la memoria que retenía algo pero no sabíamos el qué.

Esa noche pasó algo diferente de todas maneras. Ya en nuestro mítico bar de cerrar las noches, las luces se apagaron, y la música después de un gran bombazo desapareció de repente.

No reaccionamos muy rápido ninguno de nuestros amigos, sólo sabía que estaban a mi lado porque oía sus voces mientras desde lejos empezaban gritos de todo tipo. Con los pies clavados en el suelo, una oleada de empujones consiguió que mi cabeza acabase estampada en el suelo. Todo tipo de zapatos y zapatillas pasaron por encima mío mientras yo sólo podría recoger mis brazos en mi cabeza. Hasta que llegó uno de esos zapatos finos de mujer… que de seco me dejó inconsciente en el suelo.

To be continued one more time?

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