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Pacto con el diablo

Les dejo esta historia, espero les guste.

Fue hace dos noches, helada como nunca a dejado de ser, y mi mente no se hallaba, volaba mi imaginación entre las tierras que un día pisé, el barrio donde me críe, crecí y pasé a ser todo un hombre.

A lo lejos allí estaba, los granos de tierra rozaban mis piernas por la suave brisa que me arrullaba con calma. Él levanto su brazo derecho y con su mano me llamó, mis ojos lo veían tan cerca y en realidad estaba tan lejos, a unos 300 metros, como la brisa me llegaba tan rápido la fuerza de sus ojos también lo hacía.

De repente una señora se  acercó a mi espalda,  se inclinó en mi oído y con voz preocupada me dijo “no vayas él es el diablo”, mientras sus palabras me advertían aquella persona no dejaba de llamarme, el mismo diablo lo hacía como invitándome a acompañarle y sin pensarlo me acerqué a él, caminé lento y conmigo seguía la brisa de tarde, de un día como ninguno otro había sido antes.

Hasta que solo un metro fue necesario para estar a su lado, y lo vi a su cara, directamente a  sus ojos el también lo hizo. Su piel era roja como si en un accidente le hubiera herido entre llamas ardientes, le invadía una edad humana de unos 54 años, alto y fornido y con gran barbilla se inclinaba y de repente, me invitó a pasar. Una casa vieja yacía a unos 5 metros, caminó hacia ella y yo le seguí, mis venas, la sangre en mi corazón, ni una sola célula de mi cuerpo sentía miedo o temor ante su presencia.

Al entrar en aquella casucha angosta con cuatro paredes sucias y sin pintar, en medio una pequeña meza de 4 patas, tachada su madera me recordó la antigüedad, las formas de las iglesias donde los sacerdotes hablan a una multitud. Él caminó entre la casa y se agacho justo en la meza, sentado en el piso, su mirada hacia donde todos los días después de un atardecer muere el sol, y yo, tomé igual asiento, miraba a la dirección donde cada día con el cantar de las aves el sol vuelve a la vida.

El ambiente era toda una soledad, solo la brisa aun susurraba en la ventana de aquella casa, cuando de pronto… alargó su brazo a la meza y me entregó un papel y con voz fuerte y segura me dijo “esto será tuyo” y volvió la mano a una bolsa plástica y sacó otro papel diciendo: “esto también será tuyo”, repitió lo mismo 5 veces, eran 5 papeles con escritos. Intrigado acerqué mi mano a la meza y tomé uno de ellos, mis ojos querían ver lo que estos querían decirme, pero solo fui al final, donde toda escritura lleva a su conclusión. Que sorpresa al ver un número tan grande que sus cifras superaban millones, tomé otro y lo revisé, eran cifras tan grandes que me impresioné, entonces hoy una voz que me decía “por que te mueves tanto” era la voz de mi hermano que acababa de levantarme de un sueño profundo y del cual les aseguro, lo mejor era escapar y mas nunca regresar.

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