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Obsesión mortal

Muchas de las fobias y manías que acumulamos en nuestras vidas, luego se transforman en enfermizas obsesiones.

Erase una vez un rey muy poderoso que vivía rodeado de tesoros y riquezas incalculables.

En su enorme palacio con amplios y lujosos salones, se hallaba rodeado de fieles vasallos y servidores. A su alrededor se encontraban reunidas las mujeres más bellas jamás vistas. De todos los reinos cercanos llegaban embajadores para entregar ofrendas.

Sabios de todos los lugares de la tierra se reunían en su corte, donde mostraban sus avances científicos y descubrimientos y eran recompensados generosamente. En su increíble biblioteca se reunían valiosos libros y escritos y podían ser consultados por funcionarios y estudiosos.

Y aunque era considerado el rey más poderoso de toda la tierra, el monarca no conseguía ser feliz porque un poderoso temor corroía su existencia. Esta gran congoja perseguía al rey día y noche, sin darle ni un minuto de descanso, perturbaba su tranquilidad y lo atormentaba hundiéndolo en una gran apatía. Su constante preocupación, era el enfermizo temor a la muerte.

Esta idea fija martirizaba de tal manera al soberano que decidió convocar a todos los sabios del reino para que encontraran una solución a su desdicha.

Se reunieron en el gran salón de audiencias los hombres más inteligentes de todos los confines de la tierra y el soberano los consultó. Todos de común acuerdo después de escuchar al rey, le solicitaron un día de espera, para preparar la respuesta. Los sabios buscaron y estudiaron en los libros de la vasta biblioteca todas las formas conocidas e imaginadas en las que un rey pudiera perder la vida, y se esforzaron por encontrar todos los antídotos posibles y prepararon sus recomendaciones.

Le aconsejaron alejarse de las guerras y de las armas.

Que evitara los viajes en carruajes, caballos o barcos.

Le advirtieron que tomara precauciones contra rayos, tempestades e inundaciones.

Lo previnieron de los extraños, de posibles asesinos y envenenadores.

Y además opinaron que debía cuidarse de las comidas, bebidas y de todo cuanto lo rodeaba. Y así fueron enumerando todas las formas en que un rey podía morir y la forma en que podía ser evitada. El rey escucho aterrorizado las recomendaciones y comenzó a tomar medidas urgentes para poder atender todas las sugerencias de sus consejeros.

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