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Lucha

La dualidad de la personalidad que cada uno lleva adentro, al mejor estilo “Lobo Estepario” de Herman Hesse.

El pensador miró asombrado algunas estrellas que cubrían los campos en los que se encontraba. Pensaba admirado, se relamía, pensaba y callaba, miraba, pensaba, pensaba y se relamía. Su mente estaba lejos, quien sabe en que lugar. Se encontraba en espacios fijos, aunque abstractos, aunque puros, aunque simétricos.

Enarbolaba una bandera, en la noche, solo, mientras pensaba. La veía ir y venir, sintiendo el vaiven, el latido de su bandera. Conseguía un ritmo, que nunca menguaba, un ritmo que no callaba, pero que tampoco hablaba, que sentía. Era una bandera mítica, algo sin nombre, algo callado, como Él, como Él.

Pensamientos simples, obsoletos, sarcásticos, llenos de algo de magia por dentro.

Nadie sabrá nunca que fue lo que pensó en aquel momento, siquiera Él. Nadie sabrá que fué lo que lo llevó a enarbolar una bandera sin nombre en medio de la noche, mirando las estrellas, suspirando, regocijandose de la vida, expectante, moviendo rítmicamente su bandera, que era flameada por el tiempo, que fue flameada desde los orígenes de su existencia, por supuesto.

El surco que partía su mente en dos quizás se debatía, en aquel momento, en el pensamiento del hombre. Un surco que nunca fue saltado, que nunca consiguió unirse, “como el propio ser humano” creía Él. Un surco, que dividía dos partes diferentes, dos partes que luchaban por la supremacía, que se peleaban.

Pero tenía la particularidad, de que a lo lejos, lejos en el pensamiento del hombre, se dividía en dos, se ramificaba, y luego en tres, y nuevamente en cuatro, así hasta el infinito. Esto conformaba islas, aunque Él no lo sabía, o no lo quería saber, o le restaba importancia. Injustificadamente, vale decir. Islas que contenían personas, rastros de personas, personalidades. Está claro que el concepto persona significa “máscara”, por lo tanto cada isla contenía una máscara, con identidad propia, con sentimientos propios, con esencia. Estas máscaras nunca fueron unidas, nunca saltaron surcos, pues no sabían saltar, a veces se silbaban, se amigaban por palabras, se insultaban, hasta hacían mas grande sus surcos-fronteras para prevenir cualquier encuentro.

Pobre hombre. Pensamiento llano. Paralelo. Simple… o simplificador. El flameaba una bandera, que nunca sería vista, que se aferraba a manos que nunca supieron por que fueron manejadas, que nada sabían. Simple su mente que ve, como si viera al horizonte, las dos máscaras, unificadoras de todas las demás, cubiertas por neblina(neblina de la ignorancia). Neblina.

Allí se encontraban, el error, la contención, arrogancia, ternura, dureza, sabiduría. Todas de diferente tamaño, dormidas, despiertas, ocultas, tapadas, gritando, gigantes. Intelectuales, ignorantes, pensadoras, patriotas. Conservadora, cerrada, vacía. Cada una con su modo, con su compleja forma de hacerse notar. Delgadas y finas, las máscaras, gritan por hacerse oír, en cada uno.

El hombre nada sabía de la guerra que en su interior se formaba… Y forma. Nada sabía que la bandera que agitaba, sin nombre, sin tiempo, sin viento, sin ocaso ni sombra, simplemente llevada por el pensamiento y manos de este hombre, era, sin duda, agitada, por la guerra. Por las almas.

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2 Responses to “Lucha”

  1. Rodrigo dice:

    Interesante. Muy bien escrito. Tienes pasta de escritor.

  2. Janpablo dice:

    La dualidad es una ilusión necesaria para los seres humanos, ya que todo está hecho de interpretaciones. Tal como expuso Hesse en su obra Demian, un dios debería unir tanto lo divino como lo demoníaco, como el nombrado Abraxas en ese libro, ya que Dios es Todopoderoso. La interpretación de lo oscuro es a mí parecer el problema de todo, y aquí claramente juega el papel de la sociedad como lo malo, y lo que finalmente se procesa en la mente de las personas como tal… Interesante tema, sin duda.

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