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Leyendas de un currante nocturno

Esto es lo que tiene que sufrir actualmente un pobre trabajador nocturno en la ciudad de Málaga.

¡Tracatacatra!

¡Joder! Otra vez las puñeteras obras del metro. Se incorporó echando a un lado las gruesas mantas que le cubrían y miró con los dientes apretados la ventana por la que se filtraban los rayos del sol. Si pudiera bajar y pegarle una castaña a los obreros, lo haría. Pero por desgracia no podía. Estaba en pijama y demasiado cansado para vestirse.

Volvió a tumbarse cuando los sonidos de la obra parecieron apaciguarse un poco y cerró los ojos cansados. Consiguió relajarse un poco y apartó a algún lugar de su subconsciente los ruidos de la obra. Su respiración se hizo más uniforme al fin.

¡Fiuuuuunnnn!

Se incorporó asustado, golpeándose la cabeza contra la cama superior de la litera en la que dormía. ¡Malditos motoristas y sus malditas máquinas!, pensó mientras se frotaba el chichón de la frente.

¡Tracatacatra! ¡Fiuuuunnnn!

¿Es que no hay manera de dormir en esta ciudad?

¡Piiiiiii!

Maldijo con toda las fuerza de sus pulmones. Ya le importaba un pepino que le escucharan. De todas maneras, lo veía difícil a juzgar por el jaleo que había en la calle.

“¿Por qué coño pita el tío ese?”

¡Fiuuuunnn! ¡Piiiiiii! ¡Tracatacatra!

¡Miauuu!

Joder, y ahora la gata ¿Qué quieres bonita?

¡Miauu! ¡Piiiiii! ¡Fiuuuuunnn! ¡Tracatacatra!

Se levantó de la cama, cogió a la gata en brazos y se dirigió al salón, con los hombros caídos, los ojos hinchados como pelotas de rugby, y las piernas temblorosas. Observó la calle a través de la ventana. Un obrero gritaba, una moto rugía, unas marujas hablaban a toda hostia. Parecía un puñetero concierto de los Guns ‘n Roses.

Un coche pasó raudo y veloz como un rayo por la avenida, dejando tras de sí el sonido del trueno y de algo mucho peor:

¡Bulería, bulería! Nunca había odiado tanto a Bisbal.

¡Miauuu! ¡Piiiii! ¡Fiuuunn!

Su cuerpo empezó a temblar.

¡Bulería, bulería! ¡Tracatacatra! ¡Piiii!

La gata saltó de sus brazos y se lamió tranquila el lomo, mientras le veía jurar en todos los idiomas que conocía.

¡Tracatacatra! ¡Miauuu! ¡Fiuuunnn!

No pudo evitarlo más. Como una exhalación atravesó la habitación y llegó hasta su escritorio.

¡Bulería, bulería! ¡Piiiii! ¡Fiuuunnnn!

Se sentó en su sillón y, lentamente, como regodeándose en ello, abrió el ordenador portátil.

¡Tracatacatra! ¡Miauuuu! ¡Piiiii!

Entonces respiró hondo, se acordó de la familia de todo el que pasaba por debajo de su ventana y escribió este relato.

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One Response to “Leyendas de un currante nocturno”

  1. soyelquesoy dice:

    No esta mal, siento que no pudieras dormir, yo trabaje de noche y se lo que es

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