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Leyenda de un naufragio

La desorientación y la falta de rumbo, la catástofre del siglo XXI.

Parecen ingenuos, frágiles y hasta inocentes y crédulos, pero la aparente debilidad les da la fuerza para continuar en un barco que resiste a encontrarse con el Titanic y retroceder casi un siglo, quieren seguir adelante, saben que son muchos y esperan que lleguen otros tan abatidos como ellos, los frondosos ya están a bordo, y no tendrán sorpresas de que lleguen otros, son pocos y no hay más, los abatidos quieren luchar contra ellos y están unidos en ese único pensamiento que los ocupa y aleja de los más turbios sentimientos de rencor que puede dañar el alma de los sensibles y aún briosos árboles que resisten hasta un fin que llegará el día en que el capitán arribe para tomar el timón y conduzca el barco hasta el tan esperado resplandor e incierto destino.

El capitán no llega, parece estar en un letargo infinito, pero los abatidos tomarán el timón si el capitán no llega para conducir el barco al resplandor deseado. Los hijos de nuestros hijos y los hijos de sus hijos contarán otra historia, el barco de la humanidad no tendrá árboles soslayados, todos brillarán en frondosa luminosidad, las flores de los abatidos les quitarán la vanidad a los frondosos, dirán que el barco llegó al resplandor deseado, el otoño desaparecerá, se fulminará con la luminosidad del nuevo día, los abatidos habrán dejado de ser esclavos de los frondosos, no morirán, tampoco serán olvidados porque no merecen el olvido.

Aquellos diminutos y abatidos guerreros tomaron el timón y lograron girar el rumbo de un barco que llevaba una humanidad desorientada, lo llevaron hacia el resplandor y sus descendientes mañana contarán otra leyenda parecida a esta.

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