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Leyenda de un naufragio

La desorientación y la falta de rumbo, la catástofre del siglo XXI.

Ahora, en este instante el barco está en alta mar cargado de árboles desorientados, abandonaron los abatidos tierras fértiles y áridas los frondosos en busca de un capitán que les devolviese la esperanza de llegar a buen puerto.

Habían zarpado en medio de días grises de otoño mientras veían perder poco a poco su follaje, solo unos pocos irradiaban frondosidad. Parecían unidos por un mismo fin, pero los frondosos, que tienen más peso hicieron que el barco anclara en alta mar, no quieren cambiar el rumbo prefieren volver a su lugar de origen aunque grandes tempestades tienen que soportar.

Los abatidos acurrucados en popa y a babor se ven cada vez más desnudos, los frondosos con su inmenso follaje erguidos en proa y estribor pueden tolerar los más terribles temporales hasta los gigantes tsunamis, monstruos de la naturaleza, barcos veleros se ven pequeños a lo lejos, son muchos, cargados de árboles abatidos perdiendo sus hojas en la travesía por alcanzar al barco mayor, llegarán para equilibrar el peso.

El gran barco se inclina, puede hundirse, árboles abatidos con tierras fértiles pierden su follaje, buscan el esplendor de un día que nunca llega rodeados de pocos árboles frondosos pesados que con sus ramas los siguen abatiendo queriendo que el barco se incline hacia ellos, quieren decapitarlos, quitarles sus tierras fértiles, ocupar su lugar, son pocos pero hábiles ladinos guerreros que quiebran la paz de los cada vez más abatidos árboles que ya no saben como aprovechar sus tierras, mareados por la opulencia de frondosos árboles, arrogantes con su follaje, pero los abatidos se resisten, no permiten que el barco se hunda, se acomodan en distintas partes, algunos en la escotilla siempre a babor, estribor está plenamente ocupado por los frondosos que no piensan ceder su espacio, el barco debe inclinarse hacia ellos, a penas los abatidos logran subir la inclinación vuelven a hacer peso para inclinarlo, el barco se va pique y ellos no se mueven, fueron obligados a subir, ¿cómo van a querer cambiar un rumbo que los beneficia?

Tristemente subieron a él como a un juego bélico, no sin impaciencia por tenerlos tan cerca, los tendrían frente a ellos, podrían barrer hacia el profundo mar de un soplido a los débiles abatidos árboles despojados de sus más hermosas flores, único tesoro que adorna su esbeltez, bellezas naturales que causan su infortunio, tierras fértiles, extraordinarias flores que desencadenan la ira belicosa en este bergantín.

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