La vida de una joven princesa depende de que encuentre el amor verdadero. El tiempo se acaba y deberá tomar una dura decisión….
Hace mucho tiempo, vivió una linda princesita llamada Melissa, que vivía en un hermoso palacio y rodeada del amor de sus padres.
Cuando la princesa cumplió 12 años enfermó gravemente y ningún doctor del reino podía curarla; a la pequeña princesita le daban sólo tres meses de vida. Desesperados, sus padres hicieron llamar al hada madrina del reino, que ante la angustia de los reyes le obsequió a la princesa un lazo muy especial con un lindo y brillante color rosado.
Ella estaría sana siempre que usara aquel lazo, hasta que cumpliera los dieciocho años en que debía contraer matrimonio con su verdadero amor, de lo contrario moriría irremediablemente. Si ella llegaba a perder el lazo, los tres meses que le quedaban de vida empezarían a transcurrir.
Este lazo, como ningún otro, sujetaba el cabello castaño de la princesa perfectamente, sin que ningún cabello se le pudiera soltar.
Pasó el tiempo, la princesita se convirtió en una hermosa doncella, su lazo era muy conocido en todo el reino, así como la tristeza que la agobiaba. Después de cumplir los quince años, sus padres emprendieron un viaje para ayudarla a buscar al príncipe que podría ser su esposo, pero no se volvió a saber de ellos.
Transcurrieron dos años, en todo el reino no se hablaba de otra cosa que del cumpleaños número dieciocho de la princesa, y cada vez ella estaba más angustiada, porque hasta entonces no había conocido a ningún príncipe de quien se pudiera enamorar.
Desde reinos muy lejanos, llegaron príncipes que querían casarse con la hermosa princesa. Todos llegaban con lujosos regalos y dispuestos a conquistar el corazón de la princesa. Pero ella sabía que no se podía equivocar en la elección porque de ello dependía su vida. Sino encontraba a su verdadero amor, moriría irremediablemente.
Como su historia se volvió muy conocida, también venían príncipes ambiciosos que al saber que la princesa moriría y los reyes estaban desaparecidos, ellos heredarían el reino y todas sus posesiones.
Uno a uno, la princesa recibía a los príncipes, todos se mostraban amables y encantadores, cada uno parecía mejor que el otro y la princesa no sabía a cual escoger.