Dentro de esas pequeñas cajas vivían ellas.
Frente al ascensor golpeaba el botón sin control mientras miraba hacia ambos lados, por fin se abrieron las puertas, pulsé planta baja y comenzaron a cerrarse muy lentamente, mi mente estaba alerta mientras las hojas de acero iban rodando, creí escuchar algo a unos metros de distancia; por fin estaba bajando. Al abrir la puerta el viejo me miraba con grandes ojos preguntándome que había pasado, yo sin dar explicaciones le grité, —vamos salgamos rápido de aquí. Salimos del edificio con el corazón en la boca, el viejo recobraba el aliento mientras yo miraba por el gran vidrio hacia el interior del inmueble.
A los pocos minutos la calle estaba agarrotada de luces rojas y azules, los uniformados por decenas entraban al lugar a toda prisa, nos hicimos a un lado. El inspector hablaba por el radio cuando con su mano me hizo clara señales que me acercara a su vehículo.
—Empiece a contarme que sucedió. –dijo el oficial agitado—
Le relaté todo lo sucedido desde que entré al lugar a cubrir mi turno. El hombre se quedó sin palabras ahora se lo notaba claramente desconcertado y sin respuestas. Al viejo y a mí nos trasladaron a la jefatura de la policía. Al sereno lo dejaron ir a las dos horas, en cambio yo era retenido pienso que bajo sospecha, a todo esto mi abogado estaba en camino, pero algo me decía que poco podría hacer por mí, nunca pensé en necesitar uno.
Hacía tres largas horas que estaba demorado, y mientras tanto pensaba si habrían encontrado algo en las oficinas, aún tengo en mi retina la imagen de lo que quedaba del oficial, y me producía arcadas cuando recordaba sus restos en medio de un charco de sangre.
Me dormí recostado en el escritorio, hasta que una mano me zarandeó, antes de abrir los ojos sentí el aroma del café recién preparado, era Francois, se lo veía cansado y ojeroso, yo tomé el café muy despacio sin quitarle los ojos de encima, estaba esperando el desenlace, necesitaba saber que había pasado esa noche en las oficinas de mi trabajo. El inspector no decía nada.
Sin más le pregunté.
— ¿Qué encontraron?
—medio cuerpo. –respondió—
— ¿Hay algo que recuerdes?, ¿algo que haya llamado tu atención?
— Nada —respondí.
Ya devuelta en mi oficina, recordé que el equipo central había sufrido una caída, me acerqué a la compuerta y cuando abrí la misma pude ver los restos del oficial y también de los técnicos. Sobre el fondo oscuro dos resplandecientes ojos rojos me observaban con anhelo. Mi instinto hizo que tomara el matafuegos que estaba a mi derecha y rocié todo el interior del cofre, la criatura se contorsionaba y golpeaba violentamente las paredes, emitía un chillido espeluznante nunca antes había escuchado algo igual. Mientras seguía inundando el lugar con el polvo blancuzco esperanzado en poder combatir lo que “eso” fuere, todas las tapas de las impresoras comenzaron a levantarse y de las mismas salían lo que parecían tarántulas amorfas y amenazantes engendros del infierno. Había por lo menos una docena que se acercaban a mí. Solo quedaba un camino, me abalancé sobre la ventana y rompiendo la misma caí sobre varias ramas de un frondoso árbol. Sobreviví mientras llamaba a la policía, en algún recóndito lugar de mi memoria, comprendí porque había fallado la impresora de Betty.
Genial!!!!!!!!!!! realmente una historia para no dormir… juro que a partir de hoy miraré con recelo a mis chiches cibernéticos… porque… que no podría salir de alli????