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La vida en manos de las verdad

En un pueblo en los alrededores de Pachuca, capital del Estado de Hidalgo en México.

Hace ya más de cincuenta años, en un poblado llamado Relinas ,vivía un hombre de nombre Juan junto con su esposa Doña Socorro ambos eran trabajadores mientras el se dedicaba a cosechar y hacer negocios con su compadre ella atendía los quehaceres del hogar, sin embargo el era un hombre de carácter muy duro y por lo mismo no creía en Dios ni mucho menos en las celebraciones de venerar a los difuntos, odiaba y al mismo tiempo hacia burla en cuanto podía , de la iglesia, y de toda la gente que recordaba cada año a sus seres queridos.

Su esposa día con día, trataba de hacerlo entender , que dejara ese carácter que poco a poco destruía su alma, envenenaba su corazón y hacía daño a las personas, estaba cansada de no poder poner una ofrenda, porque Juan la amenazaba , ni prender una veladora, diciéndole:

-¡esas son tonterías, todas esas cosas son farsas, tu eres una más del motón que piensan se van a ir al cielo, cómo desperdician su tiempo, gente loca!

Así pasaron los años, Doña Socorro tenía que hacer todo a escondidas con el apoyo de su comadre pidiendo siempre por el perdón de su esposo.

Cuando se llegó día de muertos Juan se dispuso a arreglar unos asuntos pendientes que tenía esa tarde dos de noviembre en el pueblo vecino Villa de Tezontepec pero justo de regreso a casa tuvo que detenerse al ver como una procesión se dirigía al panteón a si que no le quedo mas remedio que ir al paso de ellos junto con su reluciente caballo, en el camino una mujer vestida de negro le da un cirio para que acompañara esta procesión.

Cuando llego a su casa, Doña Socorro le preguntó, el porque de su tardanza a lo que el le contestó:

-    ¡Pues por la procesión que hubo, tu que eres creyente y no te enteraste!

En esos momentos ella se quedo consternada pues hasta donde ella sabía jamás iba a haber una procesión, sin embargo al ver que esta no le creía recordó haber guardado en su chamarra el cirio que le había otorgado aquella señora por lo que decide enseñárselo a su mujer para que esta viera que de verdad no mentía , pero cual fue su sorpresa al ver que lo que traía en la chamarra era un hueso de difunto, al preguntar a la gente y constatar que no existió nunca esa procesión, tanta fue su impresión que cayó en una profunda tristeza , quizá en arrepentimiento por jamás haber creído en Dios , por haber juzgado mal y darse cuenta solo con una prueba que lo dejaría en su final , desde ese momento cambio su vida ,pidió perdón a Dios, a la gente y a el mismo por sus errores ,su destino en la tierra termino dos meses después, quizá no pudo aguantar el mensaje de Dios, tan solo su vida quedo en manos de la verdad.

Lugar: Relinas, Villa de Tezontepec Hidalgo

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