En una habitación.
Esta historia que me dispongo a contarles es de esas historias extrañas que nadie cree, que le suceden a un tipo que poca gente conocía y que no se pueden comprobar, y sin embargo, esta si fue verdadera, tan verdadera como yo, que se las estoy contando.
Era un día en el que todo marchaba normal, el trabajo, el trafico, los animales, todo era como debía ser, excepto por una cosa, una cosa de los mas extraña, en el apartamento de un hombre, a la izquierda de su escritorio, había una sombra, la sombra de una persona que no debería estar ahí, debía haber, como siempre la hay, una explicación lógica, que cuando no se encuentra entonces uno se tiene que conformar con saber que debe haber una, aunque no se sepa.
El hombre se paro a investigar aquella sombra, que no era una mancha, sino una sombra, que no podía ser de El porque delineaba a una persona de mucho menor tamaño, y hubiera sido normal, pensar que era la sombra de alguna cosa, pero como el comprobó mas tarde, después de mover todo en la habitación, no era de ningún objeto, de hecho, no se veía su fuente aparente, pues las sombras siempre tocan con los pies del que las provoca, pero esta sombra no tenia pies que tocar, estaba sola en la pared.
El hombre intento pintarla al día siguiente, pero la sombra no se iba, intento alumbrarla pero esto tampoco funciono, intento de todo, hasta que harto de esa odiosa sombra decidió por hacer lo que no quería hacer, pues le gustaba como se veía, sin embargo, se vio forzado a mover su escritorio de donde estaba un poco a la izquierda, esto resulto ser una solución eficaz excepto porque todavía quedaba la parte de arriba, busco en todo el cuarto por algo suficientemente grande, tenia un cuadro pero era muy chico, busco y busco hasta que por fin encontró algo que le serviría, un espejo.
Se dirigió a la sombra y puso un clavo justo arriba de su cabeza, cargo el espejo y lo colgó. Nadie sabe que vio al colgarlo pues nadie estaba con el hombre, lo único que se sabe es que amaneció muerto con una cara pálida y una expresión de angustia en su rostro, y la verdad, yo tampoco se que vio, pero no creo que nadie quiera saber, como era la cara de la sombra.