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La muchacha y el mar

El amor y el mar.

Érase una vez, una muchacha estudiosa, de esas que siempre sacan diez y a las que todos, en el fondo, les tienen envidia. Resultaba que esta muchacha adoraba el mar, pero no como cualquiera, amaba al mar como a su mejor amigo, y después de la escuela siempre se iba a su lugar favorito, que era en la cima de un acantilado, a ver el mar. Siempre traía los libros con ella, pues no le causaban molestia. Nadie sabia que ahí se iba después de la escuela, nadie nunca se intereso en seguirla y a ella nunca le intereso que la siguieran, ella encontraba todo lo que necesitaba ahí, con el mar.

Fue un día, en el que amenazaba con tormenta, el cielo era oscuro, muy oscuro, las nubes negras y el sonido del trueno que se aproximaba, para todo mundo esto era una pequeña inconveniencia, pero para ella, era un problema mayor, pues ¿como iría ver al mar con semejante tormenta?, paso horas deliberando, ponderando su situación, durante todas sus clases, tratando de determinar que tan grave seria, no ver el mar. Llego el momento, en el que tendría que tomar su decisión, pues  era cuando debía decidir que camino tomar, la tormenta la asustaba, pero no ver el mar la asustaba mas, así que decidió, irse a la cima de ese acantilado, con sus libros amarrados, y así empezó a caminar.

Después de subir una gran cuesta por fin llego a su acantilado,  empezaba apenas a llover, aunque el viento soplaba con una fuerza tremenda y los truenos explotaban con todavía más fuerza. Sus libros empezaron a mojarse y el mar empezó a rugir, negro se veía entonces en esa tarde negra de tormenta y grandes olas empezaron a estrellarse contra el acantilado, la brisa se convirtió en un vendaval y la lluvia en un diluvio, el viento se torno huracanado y el ruido del trueno tan fuerte que por un momento la dejo sorda, los rayos y relámpagos del cielo se asomaban con mas frecuencia , el viento soplo tan fuerte que soplo sus libros cuesta abajo hasta estrellarse con un árbol, el viento soplo mas duro y el árbol cedió rodando bajo la colina, el mar golpeaba con olas enormes, mas grandes que el navío mas grande, sonaban muchísimos truenos y relámpagos y los rayos quemaban el horizonte por todos lados, el cielo se había vuelto mas negro todavía y el viento había tirado mas árboles.

Las olas eran enormes, tan grandes como una colina y se estrellaban con furia contra el acantilado, crecieron mas y mas, crecieron tanto, que se comentaría de ellas en muchos años por venir, quedarían grabadas e la mente de las personas que a lo lejos lograron divisar los enormes monstruos de agua, salieron hasta en los periódicos de la ciudad, como esas enormes paredes de agua habían azotado ese pedazo de costa, y se sorprenderían todos, de que no hubo mayor tragedia que una desaparecida.

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