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La entrega especial navideña

Muchos años después le escuché al señor Franco explicar lo que realmente sucedió en aquella ocasión.

Siendo unos niños, y estando en la víspera de navidad, llego y se estacionó, frente a la bonita casa de nuestros nuevos vecinos, un enorme camión de mudanzas que, cuando venia llegando, se anuncio con un gran y sonoro clarín de bocina.

El señor Franco, su esposa y su pequeña hija, Amanda, de unos cinco años, salieron a la puerta al mismo tiempo que dos grandes y fuertes cargadores abrían las puertas traseras del vehiculo con tremendo ruido.

Entonces, de adentro, de la oscuridad de ese enorme vehiculo, salio un gatito blanco con una cintita roja atada a su cuello.

Amanda, tomando al gato entre sus bracitos comenzó a danzar de alegría y felicidad. En ese momento se intercambiaron muchos saludos y palabras de agradecimiento y felicidad para las fiestas que llegaban. Y luego, tal como habían llegado, los del camión se fueron haciendo rugir el motor y tocando alegremente la bocina.

Todos, después de ver esta extraña entrega, pensamos que nuestros nuevos vecinos comenzaban a celebrar navidad haciendo un gran gasto, porque habían pedido que les entregaran un gatito contratando un enorme camión.

Muchos años después le escuche al señor Franco explicar lo que realmente sucedió en aquella ocasión.

Dijo que en la tremenda confusión del ordenamiento y organización de todas las cosas de la casa se había perdido Motita, el gatito de Amanda. Y durante dos días estuvieron llamándolo sin resultados, lo que le causo una gran pena  a la pequeña niña. Pero finalmente, a la esposa del señor Franco, se le ocurrió que tal vez, se lo hubiesen llevado en el camión de la mudanza. Por la tarde llamo a la empresa, y la secretaria le contó que se había descubierto que Motita estaba, en ese momento, en una ciudad a 300 kilómetros de distancia, junto al jefe de trabajadores de carga.

Pregunto el señor Franco si podrían colocar a Motita en una cajita especial y enviárselo, pero al otro lado del teléfono, le aconsejo la secretaria, que era mas conveniente que esperara hasta que uno de los camiones tuviese carga para esa ciudad y llevar de regreso al gatito.

Por fortuna tenían que llevar carga para una casa no muy lejos de allí. Y una vez terminada la descarga pusieron a Motita en la parte de atrás del camión y lo llevaron a casa como en un transporte de lujo.

Su esposa añadió recordando con nostalgia ese momento, que solo le hubiese gustado tener a la mano su cámara fotográfica, porque atrás del camión había un bonito letrero que decía: “Para nosotros no existe mudanza demasiado grande ni demasiado pequeña”.

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