Cuando te imaginas cosas ya se sabe lo que pasa.
Era un misterio lo que ocurrió aquel día en casa de María. Habían quedado, como siempre, al lado del banco rojo que se encontraba en el centro de la plaza del pueblo y, aunque tardó más de una hora en llegar, él seguía esperándola con cara de abatimiento. Desde allí se fueron directamente a la casa de María. Estaba cansada del agitado día que había tenido y sólo podía pensar en comer algo dulce y tumbarse en el sofá. Pero, cuando llegaron y abrieron la puerta, se encontraron con Dios sentado en el sofá con cara de aburrimiento. Los miró y les dijo:

–Estoy cansado de esperaros, así que la próxima vez rezadle a Buda –y con el semblante serio se dio la vuelta y desapareció.
María se volvió hacia su novio y le dijo:
–¡Vaya! Se me había olvidado que había quedado también con él, pero no entiendo por qué se ha enfadado con nosotros… ¿Has visto cómo nos ha mirado?
Su novio la observó con cara de incertidumbre se aproximó a ella y cogiéndola por los hombros le contestó:
–¿Cómo?… ¿Te encuentras bien?
–Pues no sé…, creo que me imagino cosas, porque… ni creo en Dios, ni tengo novio.
Me gustó mucho.
¡Jajaja! Que original, me ha gustado mucho ^^