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La Cenicienta y el Hado Madrino

Adaptación cómica de La Cenicienta.

Sin embargo, Lucrecia, que estaba enamorada del príncipe, sabía de la fiesta e interrogó a su hermanastra una y otra vez.

-Sonia, ¿estás segura que no vino nadie mientras no estuvimos?

-Seguro.

-¿Nadie vino a invitarme, digo, a invitarnos a ninguna fiesta o algo parecido?

-No, nadie- dijo Cenicienta prendiendo un cigarrillo.

-Basta, me rindo. Sos imposible de convencer. Ahora dame lo que es para mi, Cenicienta- ordenó Lucrecia.

-Si las querés, sacámelas- desafió Cenicienta, mostrando las invitaciones y echándose a correr.

Lucrecia la persiguió hasta cansarse. Para su suerte, su presa resbaló y se cayó. Así pudo obtener lo que quería y lograr que Delia le prohibiera a Cenicienta ir a la gran fiesta.
El día llegó. Lucrecia, Delia y Esmeralda se prepararon. A Esmeralda el vestido le quedaba un poco chico, porque ella era un poco gorda.

Cenicienta quedó encerrada en su propia casa. Pero al rato, un joven y apuesto hombre apareció antes sus ojos como por arte de magia.

-¿Cenicienta? Sí, sos vos. Me presento, yo soy tu Hado Madrino y vengo a concederte todos tus deseos.

-¡Deseo ir al baile! No, no, pará. ¿Lo que yo quiera? Ni ahí voy al baile. Quiero… ¿qué puedo pedir? ¡Cigarrillos!

-Tarde, pediste el baile, vas al baile.

-¡Ufa, che! Bueno, si no queda otra.

Esta parte ya lo conocen: la calabaza se convirtió en carroza, los ratones en caballos y su ropa en un hermoso vestido con zapatitos de cristal. El hechizo terminaba a las doce, bueno todo normal.

Cenicienta llegó al baile. Vió al príncipe y no se enamoró, casi vomita. El príncipe era espantoso. Gordo, enano, morocho, narigón. ¡Un asco!

Pero el príncipe se enloqueció con ella. Ella le hizo el favor de bailar y luego, se lo regaló con moñito y todo a Esmeralda. Eran una pareja ideal y el príncipe aceptó fácilmente el cambio.

Cenicienta volvió a su casa antes de las doce, el Hado aún estaba allí.

-No me gustó el príncipe, pero ya que tengo el vestido vamos a disfrutarlo.

-¿Por qué no te gustó?

-Yo necesito alguien que me contenga, que me apoye y que no me asuste. Alguien como… vos. Tengo una idea: a dos cuadras hay un boliche, ¿vamos?

El Hado aceptó, a las doce se terminó la joda. Para no pasar papelones, Cenicienta salió corriendo antes y perdió un zapatito. El Hado lo recogió.

A las doce y media se lo devolvió y le pidió que se casara con él. Ella aceptó. El Hado Madrino y Cenicienta se casaron y vivieron felices durante nueve meses.

Sí, ella quedó embarazada y engordó como un chancho. El Hado se contagió el hábito de fumar y se quedó sin trabajo. Por eso, Cenicienta terminó viviendo en el castillo con su hijo trabajando de sirvienta y saliendo los fines de semana a ver a su marido.

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4 Responses to “La Cenicienta y el Hado Madrino”

  1. Larguy dice:

    pero que lo sponsorea una tabacalera al cuento ?
    termino como la vida real ?

  2. Flor. dice:

    No. Pero podria!
    Capaz q me pagan mas.
    Y si. y no tiene moraleja este tampoco

  3. bastian dice:

    q asko de cuento…¬¬

    como se empeña la gente ociosa y sin vida en arruinar los cuentos q parecen magicos de los niños en esktupideces…

    el cuento nisikiera tiene una secuencia logica…

    es un asko.

  4. anonimuss dice:

    estoy de acuerdo cualquier niño que lea esto se queda flipado. por favor sobraba. para k destruir uno de los cuentos mas bonitos de la infancia? simplemente no voy a seguir ablando ¬¬

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