400 km de nada, 400 km de soledad.
No me preocupaba el dolor de cabeza ni la vista cansada, tampoco los ruidos en la lejanía. Sentado frente al radio le daba manija al dial sin obtener ninguna frecuencia activa, sólo se escuchaba estática. Recorrí la banda varias veces hasta que abandoné la tarea y me dirigí al antiguo ropera de la oficina; cargué una recortada con dos cartuchos del 16 y me senté frente a la puerta a esperar.
No me preocupaba el cansancio ni el dolor en mi espalda, como tampoco ya me importaba la radio, ahora sólo me preocupaba la carcajada detrás de la puerta y mi situación de retiro. Ningún alma a menos de 400 km de distancia, sólo la risotada y yo esperando que al fin algo abra la puerta.
Muy bueno!!!
Impresionante.