La bestia bíblica y su descripción.
La bestia tenia cuatro cabezas, dos parecian mujeres y dos eran de hombre. aunque en realidad habia una cabeza como de mujer que era más grande que las otras tres, se notaba que en su perfídia y agresividad era la que comandaba a todas las cabezas y que era la lider de ese cuerpo tan inhumano y a la vez tan humanamente parecido a muchas personas que he conocido. La otra cabeza femenina era la mas bifida, la lengua la arrastraba incluso más que su personalidad.
De las dos cabezas masculinas ni hablar. Una era agresiva, no ladra pero muerde; la otra cabeza denotaba mas inteligencia, aunque muy en lo personal era la que mas llamaba mi atención y cuidado para no ser victima de alguna embestida traicionera.
La cuestion es que al llegar al nido de esa bestialidad, para poder completar el cuento del confundido caballero dentro de una armadura que lucharía con la bestia para poder quedarse con la doncella, la bestia me tendio la mano señalando hacia la cueva, un ademán de cortesía, y mostrando su cuádruple sonrisa, me sedujo para poder entrar a probar a la doncella (en realidad la doncella habia sido devorada por mi, pero eso no lo sabia la bestia).
Un par de veces más regresé a la cueva “conociendo” a la doncella, cuando de repente y sin previo aviso, la bestia me atacó por todos lados, me mordió los brazos, las piernas, y otros miembros muy muy estimados por mi. Me arrastró como calzón de fácil y me revolcó hasta sacarme de la cueva, con la amenaza de que si volvía sería devorado por las cuatro cabezas.
¡Y yo que no creía en cuentos de hadas!
Me pregunto por qué elegí a una doncella custodiada por ese maldito animal. Tanta mujer en el mundo y yo arriesgando la vida por ella. Tal vez sea amor, o ilusión, que se yo.
Había pensado en estrategias de batalla, tales como convencer a la cabeza pensante para que detuviera a la cabeza agresiva e hiciera entrar en razon a la pérfida cabeza lider. Pero siempre que tenía casi resuelta la batalla, me sobraba una cabeza. Asi que opte por hinchar el par de… pectorales y llegar a la cueva y enfrentar a la bestia, todo sea por el amor de la doncella y su vientre. Todo sea por tu amor, Marian, y de nuestro hijo, me enfrentaré a tu mamá y a los engendros de tus hermanos; solo prepará muchos besitos sanadores porque los voy a necesitar en todo el cuerpo.