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La ardilla Félix

Una pequeña ardilla se aleja de su casa y se extravía. Conoce a nuevos amigos con los que vivirá algunas aventuras…

La tortuga se ofreció a cargarla en su caparazón y ayudarla a regresar a su nido.

- ¡Me llamo Ana! – dijo la paloma.

- ¡Yo me llamo Félix y él Charlie! – contestó la ardillita.

- ¡Gracias por ayudarme! – añadió la paloma.

Y continuaron el regreso, hasta que se hizo de noche y buscaron un lugar donde refugiarse y descansar, pero como no encontraron, tanto la paloma como la ardillita durmieron dentro del caparazón con la tortuga.

Al día siguiente los amigos continuaron su camino, pero se detuvieron un rato porque tenían hambre. La ardillita Félix se subió a un árbol a buscar comida cuando de pronto apareció un enorme lobo.

- ¡Creo que hoy voy a cenar muy rico! – dijo el lobo mientras se saboreaba mirando a la tortuga y a la paloma.

Inmediatamente, la tortuga se metió dentro de su caparazón y la paloma también. El lobo se abalanzó sobre la tortuga y se golpeó con su fuerte caparazón. Se quedó al lado de ellos tratando de descubrir cómo sacarlos.

- ¡Aquí me voy a quedar! ¡Tarde o temprano tendrán que salir! – dijo el lobo amenazante.

Mientras, la ardillita, que observaba desde el árbol y estaba dispuesta a salvar a sus amigos, se puso a mordisquear la rama que estaba encima del lobo; era una rama muy gruesa pero valía el esfuerzo.

Finalmente, la rama cayó encima del lobo, le hizo un chichón en la cabeza y del golpe se desmayó. Así aprovecharon Félix y sus amigos para alejarse lo más rápido posible, antes de que el lobo se despertara.

Estaban tan cansados de tanto huir que no sabían si iban en la dirección correcta, así que la paloma Ana, que ya se sentía un poco mejor, decidió volar hasta la punta de un árbol para ver el camino. Se puso feliz porque logró ver la cascada que tanto buscaban. Descendió y les indicó a sus amigos por dónde ir y lograron juntos llegar a su hogar. La mamá de la pequeña ardilla estaba muy contenta de volver a verla.

- Te prometo que nunca más me volveré a alejar de casa – dijo Félix a su mamá mientras la abrazaba fuertemente, como queriendo no separarse nunca más de ella.

También la paloma estaba muy contenta porque encontró su nido y a sus hijitos. Todos estaban muy felices, y como a la tortuga Charlie le gustó mucho el lugar, decidió quedarse a vivir allí con sus nuevos amigos.

Yo no estuve allí ni tú tampoco, te lo cuento como me lo contaron, porque este cuento se ha acabado…

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3 Responses to “La ardilla Félix”

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