La misteriosa desaparición y ulterior aparición de un anillo de compromiso.
Sintió calor y un dolor agudo. Sin pensarlo, dio permiso a sus párpados. Les permitió el movimiento rutinario que la haría, sin desearlo, volver. Volver a su momento, volver a la objetiva realidad de una tarde más, tarde rara en la ciudad gris, al final de su país. Una tarde más esquivando las eternas preguntas, tarde repetida, invadida por la incertidumbre, por la duda de caminar sobre sus pasos, o animarse, animarse a seguir, arriesgarse. Tratar de inventarse historias, hacer de la nostalgia una útil razón empujadora hacia sus deseos o dejar que tallara el mismo juego acostumbrado en las mentes de los hombres.
Tras abrir sus dedos, vio la marca, perfecta, curvilínea, señal inequívoca del preciado metal, oscura, grieta profunda en la rosácea blancura de su mano. Tras su viaje por dudas y sentires dolorosos, se aferraba inconscientemente a la seguridad de lo conocido. Tratando que sus noveles amores infantiles la protegieran del todo, tan inmenso, tan desconocido, tan seductor. Sostuvo el anillo con tanta fuerza, que el dolor provocado no la dejo ver la señal.
La luz del día que terminaba, ya no fue solidaria y la tenue luz de la lámpara, no resistía la invasión del cuarto. En ese instante, entre la sepia penumbra, la soledad como amiga indeseable, los recuerdo y los miedos llamando a su puerta, súbitamente dejo la playa, el sol , la arena y el frió mar , todo de un solo golpe.
Sus ojos se abrieron, la sorpresa ahuyentó los recuerdos y las ganas de soñar. Se incorporo súbitamente mientras buscaba una respuesta. Allí estaba, ella, como una arqueóloga de sus sentimientos, necesaria hurgadora en los jeroglíficos de su interior.
La ventana dejo entrar una brisa que le hizo correr un frió, una helada fragilidad, la rozo una incomoda sensación, como si algo eterno en su vida, hubiera decidido que era hora de caminar, de animarse a crecer. Un halo azul atravesó su cuerpo y esquivando las inquietas cortinas, salio del cuarto, salio de su vida. Como un destello premonitorio desapareció en la noche.
No comprendía. Miraba tratando de creer la visión de sus ojos cansados. No era fácil asimilar, o más bien interpretar la señal. Se quedo, muda, inmóvil, asustada.
Sentada y frágil descifrando, estaba en la penumbra de su cuarto, mirando fija la palma de su mano vacía.
muy bue!!!