El encuentro de dos personas que vivirán la historia de amor más grande de todos los tiempos.
Definitivamente era ella -pensó Juan-, la mujer mas hermosa que jamás había visto, su cuerpo le decía que las energías estaban movilizándose fuertemente, algo que nunca le había pasado anteriormente y que por nuevo y desconocido merecía una especial atención.
A partir de allí las palabras impresas en el diario perdieron importancia, las letras se mezclaron y las ideas de Juan apuntaban a un solo objetivo, poder hablar con ella, no perderla en el mar de personas sin rostro del centro. Los minutos pasaban y mientras la dama en cuestión degustaba un té verde las ideas se amontonaban en la cabeza de Juan.
El abordaje no era una estrategia de seducción muy utilizada con Juan y luego de la torpeza del café, se encontraba avergonzado, lo cual impedía aún más llegar hasta ella. Obligado por la situación, Juan inclinó levemente su cuerpo y le ofreció el diario, a lo que ella con una amplia sonrisa y con un leve movimiento de cabeza agradeció pero rechazó con un simple “no gracias”.
Todo estaba listo, Juan estaba por empezar a hablar sobre algún tema general e intrascendente cuando una corpulenta silueta de hombre se recortó se interpuso entre ellos tapando levemente la luz que entraba por la puerta. La sonrisa desapareció automáticamente de la cara de Juan, quien rápidamente volvió a su posición original, cuando pudo observar que dicha figura estrellaba un sonoro y estrepitoso beso en el rostro de la rubia y se sentaba junto a ella en su mesa. Al cabo de unos minutos, con un rápido movimiento, el caballero en cuestión abonó la cuenta, tomó levemente del brazo a la dama y salieron prontamente por la puerta.
Juan estaba desvastado. Miraba la taza de café como buscando una explicación de la situación vivida, cuando de repente sintió una mirada penetrante desde el costado. Algo incómodo giró la cabeza y encontró a una anciana muy bien entrazada con el pelo canoso, una piel clara y unos profundos ojos grises, contenidos por unos pequeños lentes redondos.
Con una mueca, mezcla de resignación y disgusto, Juan inició la conversación, a lo que la anciana le respondió con una amplia sonrisa, “es amor” le dijo, a lo que Juan respondió “¿Perdón?”, “es amor” respondió la señora con un tono de voz mas elevado, “lo que sentís, es amor. Es lo mas hermoso del mundo y es lo que va a hacer que tu vida cobre un nuevo sentido”. “Si pero la acabo de perder” -sentenció Juan-, “jamás pienses” eso respondió inmediatamente la señora, “si se encontraron una vez, se van a volver a encontrar” y dicho ésto abonó su consumición y también se fué, dejando a Juan la sensación de que estaba por empezar a vivir la mayor historia de amor de todos los tiempos, solo resta esperar para ver como sigue esta historia…