El encuentro de dos personas que vivirán la historia de amor más grande de todos los tiempos.
El calor subía desde el asfalto denotando a las claras que esta primavera iba a ser tórrida y que el verano que se avecinaba iba a ser difícil de soportar.
Llamativamente Juan tenia una incontenible tentación de tomar un café, algo que a primera vista no tenía mucho sentido, pero que habida cuenta de los últimos libros que había leído, no debería importarle mucho, sino que más bien debería seguir sus instintos por más extraños que éstos parecieran de antemano a terceros.
Siguiendo su instinto ingresó en la cafetería, en donde sólo estaban un par de personas tomando un café, algunos leyendo el diario, otros mirando atentamente sus notebooks conectadas vía Wi-Fi a la web, y todos aprovechando el reparador aire acondicionado que hacía de ese descanso y momento reparador en la rutina diaria.
Sentado en una pequeña mesa, ojeando desinteresadamente el diario del día, Juan degustaba un “capuccino” cuando al alzar la vista pudo observar como ingresaba a través de la puerta la mujer mas hermosa que había visto en su vida. La dama en cuestión vestía un etéreo vestido blanco con pequeñas florcitas color durazno, coronado con 2 finos breteles que recorrían 2 perfectos y simétricos hombros apenas rozados por los primeros e impiadosos rayos solares. Lucía unas pequeñas sandalias plateadas sin taco y su rostro denotaba toda la frescura de una piel virgen de todo maquillaje, enmarcado pero un abundante cabello rubio recogido con 2 bucles liberados de toda atadura dando una sensación de libertad absolutamente complementaria con la situación.
Mientras la dama se sentaba a 2 mesas de distancia de Juan, todo parecía iluminarse a su alrededor con una magnífica y reconfortante luz, poderosamente incandescente. Los músculos del rostro de Juan, en tanto, comenzaron levemente a tensionarse y una pequeña e incipiente sensación de calor recorrió sus pómulos, el corazón denotaba un leve aceleramiento de las pulsaciones y sus manos empezaban a dejar correr un leve sudor, todo ésto mientras su fija mirada se estrellaba repentinamente contra los ojos celestes de la dama y hacían sobre saltar a Juan quien con un rápido y poco grácil movimiento golpeaba la taza de café salpicando con unas gotas delatoras el diario y generando una sonrisa cómplice por parte de ella.