Cuando esa proteccioón esperada parece no llegar.
Raúl nunca quiso dejar de habitar esa casa, al casarse quiso seguir viviendo ahí, se casó con una compañera del colegio que ya estaba enterada del juego que habían hecho los amigos y del espíritu nena que había sido amiga inseparable durante el tiempo que duró dentro de la copa, a ella no la habían invitado por eso no estaba segura de que fuese verdad la historia del espíritu, recordaba que lo veía con una copa que llevaba siempre con él pero pesaba cualquier cosa menos que ahí dentro había un espíritu, esto le parecía ridículo, algo sin sentido lo que causaba grandes peleas por la incredulidad de Sonia, quien al crecer dejó de lado el episodio pensando que al estar con ella y con el tiempo Raúl olvidaría a ese espíritu de quien se había puesto un poco celosa.
Como lo había planeado Raúl siguió viviendo en su casa de la infancia y el conflicto comenzó cuando Sonia quiso ordenar la distribución de las habitaciones, para ella donde había estado el comedor por innumerables años debería ser el dormitorio de Mauro, su primer hijo, las peleas eran terribles porque bajo ningún concepto Raúl estaba dispuesto a cambiar el lugar del comedor, le parecía que si lo cambiaba, los espíritus se enojarían y perdería a la amiga que lo había acompañado en su niñez, Sonia le hizo comprender que no podía continuar con esa fantasía, ya era adulto y debía comportarse como tal.
El comedor fue transformado en el dormitorio de su primer hijo y luego preparado ara recibir a otras dos hermanas que dormirían junto a los espíritus que se alegraron al tener compañía por las noches de tres niños a los que cuidarían de cualquier peligro que sucediera en la casa. Mauro fue el primero que comenzó a percibir que en su habitación sucedía algo extraño, siempre veía imágenes en las paredes, luces que se encendían y se apagaban recién cuando lograba dormirse, se sintió más tranquilo al compartir su habitación con sus dos hermanas quienes nunca vieron ni sintieron nada especial.