Una mujer empieza a adelgazar, se siente fea, a partir de la indiferencia de su pareja; echa a andar una rueda que no podrá frenar.
A ella le gustaba tener sexo con mucha frecuencia. A él no. Ella se inventó todo tipo de artilugios para seducirlo. Pero fracasó. Entonces se permitió engañarlo. Lo hizo una vez; lo hizo dos. No era lo mismo. Ella quería, deseaba, necesitaba tener sexo con él. Entre el sexo y una película; entre el sexo y un libro; él elegía, siempre, lo segundo.
Entonces se apoderó de ella un pensamiento trágico: “soy fea”. La autoestima se le cayó al sótano, donde las ratas viven, donde los fantasmas flotan, donde las cucarachas nacen y los murciélagos anidan. Supo que debía adelgazar, el espejo le escupía una imagen espantosa. Espantosa y gorda.
Dejó de comer; simuló comer y vomitó, cada noche en el inodoro, en la rejilla del patio, en la pileta del baño, en una mochila, una vez en la vía, otra vez en una bolsa que luego hizo desaparecer. Bajó de peso, un poco cada día, otro poco otro día. Comió menos, vomitó más; estaba fea y gorda: eso le mentía el espejo todas las mañanas, cada noche.
Se inyectó, consumió pastillas, conspiró, fraguó, escudriñó, pensó, se volvió estratega, mentirosa, obsesiva… y pronto olvidó el motivo, la causa, el porqué.
Estaba fea y gorda: eso le mentía el espejo todas las mañanas, cada noche.
A ella le gustaba tener sexo con mucha frecuencia. A él no. Ella se inventó todo tipo de artilugios para seducirlo. Pero fracasó. Entonces se permitió engañarlo. Lo hizo diez veces; lo hizo doce. No era lo mismo. Ella quería, deseaba, necesitaba tener sexo con él. Entre el sexo y una película; entre el sexo y un libro; él elegía, siempre, siempre, lo segundo.
Así, como un esqueleto viviente, se le enflaqueció la vida y dejó de ver todo lo que la rodeaba. Todos se lo decían, pero ella no lograba verlo, la tristeza le aplastaba el corazón, y las lágrimas mojaban su almohada cada noche.
Ella no dormía; lloraba.
Una noche, en medio de la penumbra, se dijo entre susurros:
-No estoy anoréxica; estoy flaca de amor.