Se desarrolla en la provincia mexicana.
“Ni un momento
he dejado de ver en este cuerpo
la forma de tu ausencia,
como una esfera que ya no te contiene.
Pero dos cosas constantes te revelan,
te tienen de cuerpo entero en el instante,
y son la cama y la mesa de madera,
hechas a la medida del amor
y del hambre”
La Forma de tu Ausencia
Homero Aridjis
Contepec, Michoacán, México
Agosto de 2060
En un amplio, soleado y seco llano de Contepec -en Michoacán- unos niños jugaban un improvisado partido de fútbol con una lata vacía de refresco, entre basura y un par de perros callejeros. Sus rostros, sucios de sudor y mugre, no reflejaban menos satisfacción al anotar un gol que el regocijo de los jugadores profesionales. El polvo y la tierra se alzaba con el fuerte viento que azotaba. Apenas las moscas podían refugiarse del viento y el sol. A lo lejos se veía un hombre de avanzada edad, en su rostro todo quemado por el sol no cabía una arruga más, sus ojos estaban muy nublados por tantas cataratas, vestía un traje de manta y un sombrero de paja sucio y estropeado, calzaba unos huaraches viejos y cargaba un costal sobre el hombro. Era Don Jorge.
Don Jorge había llegado al pueblo hacía cuarenta años. Nadie sabía mucho sobre él, excepto Panchita, una mujer morena y regordeta, hija de la dueña de un puesto de tortas cerca del kiosko. Cuando ella era una niña, Don Jorge acostumbraba acercársele y contarle historias.
Contaba Don Jorge a Panchita que había viajado por todo el mundo, que había aprendido decenas de lenguas y había probado todos los placeres que el mundo pudiera ofrecer. Don Jorge le contaba cómo había llegado al pueblo huyendo de un abandono amoroso que le había roto el corazón.
Don Jorge venía de una acaudalada familia de la capital, había estudiado en las mejores escuelas y universidades del país y del mundo. Se tituló como abogado en el Distrito Federal y una vez que terminó su Maestría y Doctorado en Berlín allá por principios de siglo comenzó a trabajar en uno de los más prestigiados despachos de por allá.