Historia corta.
Estoy en una feria artesanal, me detengo en un puesto que llama mi atención. Veo una chica joven que esta arreglando sus productos que son muñecos y marionetas.
Le pregunto si ella los hace, me contesta que si. Es una linda chica joven, que me cuenta que es mendocina y que tiene 23 años. Llegó a Roca buscando otro destino y para alejarse de muchas cosas. Llamó mi atención lo original de los muñecos y marionetas que se encuentran colgados de una estructura y sobre una mesa. El colorido es admirable. La felicito por la variedad y le pregunto qué la llevo a crear esos muñecos:
- Me gusta crear la ilusión que da un muñeco con movimiento…
De la mesa agarra un tucán de largo cuello negro y varios colores que conforman su cara, rojo, amarillo, verde, su largo pico naranja, los ojos grandes blancos con el centro negro dan la sensación que nos miran, coloca su mano en el cuello en forma de cilindro y así abre y cierra su gran pico dando la impresión que está vivo.
La variedad es inmensa, gusanitos con caritas pintadas, sus ojitos con grandes pestañas, cachetes rosados en forma de corazón, con seis patitas, agarradas por un hilo invisible a una madera, que logran así moverse.
Hay muñecas amorosamente vestidas con trenzas con moñitos de lana amarilla, hombrecitos con bombachas y boinas, con sombreros y bigotes, mariposas, cangrejos, peces, todos son marionetas.
Le pregunto cómo llegó a esta producción y por qué:
- El principal motivo de mis creaciones fueron inspiradas en una niñez solitaria y sin muñecos y encontrar en esto una terapia para borrar la soledad de mi niñez, también una necesidad económica. Dándole a los chicos que se acercan a este puesto, la sensación de personajes en movimiento, al esta colgados con hilos muy finos (tanza) me comentan “parecen suspendidas en el aire”. Utilizo también personajes de cuentos, además he vendido estos productos para estimulación temprana en los jardines de infantes. Tiño con anilinas telas y goma espuma, dándoles el tinte necesario para que sean más vistoso y reales.
Me despido por que se acercan chicos y grandes que quieren ver el manejo de los muñecos que ella con mucha paciencia y gustosa enseña a sus espectadores.
Me voy pensando en la ilusión del niño que todos tenemos adentro que hace que todo eso que vi, me acompañe.
Me doy vuelta para mirar el puesto de lejos y veo a la joven con un niño de más o menos un año en sus brazos, un hombre los abraza a los dos y pienso que seguramente logró su mejor y gran creación.