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Epitafio de una mala persona

Existen personas que piensan que son más de lo que merecen ser…

Érase un pobre hombre

Pobre de espíritu e inteligencia.

Henchido de un estúpido orgullo machista.

Su reinado era ser el encargado de una empresa de limpieza en un centro comercial. Él era la clásica persona que ante cualquier pequeño cargo otorgado parecía equipararle a ser superior al resto de sus semejantes. Desde que su empresa le nombró para tal distinción, su manera de relacionarse con sus compañeras cambió de la noche a la mañana. Impartía órdenes con sequedad. Su sonrisa se transformó en otra más cercana al desprecio. Y si alguna de las mujeres osaba plantarle cara, recurría a la amenaza.

“Tu puesto de trabajo peligra”, decía.

 Que ser más miserable. ¿Quién era él para decidirlo? Se creía algo. Y no lo era. Obviamente, ninguna de las empleadas, que llevaban tanto tiempo como él desarrollando su labor en el centro comercial, fue despedida.

Una batalla personal perdida.

No sería la única, ni la última.

Era un personaje patéticamente obtuso. El hecho de ser encargado de la empresa de limpieza le hizo creer que también lo era sobre el resto de gente ajena a ella. Tuvo broncas con personal del propio hipermercado. Con los ayudantes del jefe de mantenimiento. Y con miembros del equipo de seguridad.

Batallas todas ellas saldadas con derrotas significativas.

Este pobre diablo era un pésimo general.

Qué decimos, una figura egoísta, egocéntrica, soberbia, que se pensaba que disponía de patente de corso para manejar al resto.

Podía darse con un canto en los dientes por haber continuado durante tantos años en el cargo, sin haber sido despedido por su negligencia, ni haber sido denunciado por acoso laboral.

Una persona que se refugiaba en el alcohol. Que empleaba un lenguaje atroz y ordinario. Que faltaba al respeto de las mujeres.

En fin, un engendro cavernícola de lo que nunca se debería haber evolucionado en un espécimen humano. Por desgracia, hay infinitos de congéneres suyos poblando la tierra. Maltratando a las esposas, acosando a los compañeros en el trabajo, incluso recurriendo al asesinato de su pareja por despecho…

Érase un pobre diablo.

Carente de toda lógica elemental en su mente primitiva.

Ahora está jubilado.

Después de haber trabajado durante tantos años en el centro comercial, pensaba que la gente le iba a echar mucho de menos.

Craso error.

Nadie se acuerda de esta clase de gente sin clase ni escrúpulos.

Ahora no puede ni presumir de ser encargado de su propia casa.

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