Cuando debes decidir con la mente o con el corazón.
A los catorce o a los quince conoces a un chico que piensas podría ser tu príncipe azul… por cosas de la vida, las cosas no se dan, se alejan por distintas circunstancias, y queda en tu memoria como el “cómo hubiera sido”, “qué hubiera pasado si…”, el primer beso que en realidad nunca fue, pero adivinas que estuvo muy próximo a ser. Escribes miles de cartas o noticas en un viejo cuaderno, versos en inglés, reflexiones en español, en dibujitos, y permanecen en un cajón de recuerdos en tu habitación, entre lágrimas y recuerdos, palpitaciones del corazón por algo que nunca sucedió pero que lo soñaste.
Al paso de los años encuentras a alguien más, a alguien que ya no vive solo en tu mente, a alguien real. No es tan mágico como imaginaste sería ese primer indicio de posible amor en tu adolescencia, pero…sí…tal vez un poco. Pero tú ya no quieres soñar otra vez así…para qué si es posible que cuando te animes a querer experimentar eso…puede terminar sin previo aviso. Es atento, cariñoso, tras 4 años en la U, casi al terminar la carrera, te lo dice! ahora entiendes por qué sus atenciones y viajes juntos, por qué las notas compartidas y notitas en papelitos en las horas de clases, por qué las coincidencias de horarios, y reuniones juntos. Te escribe una carta, te la envía con un amigo en común, pero a última hora como que no quiere que te la entreguen…pero tú ya lo sospechas, pero tú ya querías que sucediera…y con la carta en tus manos, con esa notita final…empieza algo más que una amistad, se declara algo más que un querer ser tu “amigo”.
Escribes otras notas más en ese antiguo cuaderno casi olvidado…una especie de despedida y a la vez la entrada a un nuevo mundo. Evalúas, analizas, y decides dejar esa parte de tu vida atrás y emprender algo palpable.
No sabes cómo es, no sabes cómo debes comportarte, no te han dado un instructivo de algo más que una amistad. No frente a los amigos, aunque te mueres porque sea así…caricias tiernas y expresiones de amor. De repente crees que sí, que fue posible soñar con ese alguien especial con quien compartirlo todo, han hablado de ello, planes en conjunto, de cómo sería la casa, los niños, una familia…y de pronto, todo cambia otra vez…
Él viaja casi sin previo aviso. Se despide con un peluche, unas flores, una tarjeta inmensa y la canción del Titanic escrita por él.
Se mantienen comunicados por mensajes, por mail, por llamadas telefónicas. Y permanecen conectados… siempre así. El no deja que lo olvides. Un día te enteras que se fue porque tendría un bebé, con alguien de otro país. Y piensas si no fue sólo una forma de viajar allá, de tener una mejor vida para los suyos…pero a ese precio? y por qué no lo dijo entonces? por qué cada año regresó como si no fuera así? Buscas justificarlo, porque lo amas, porque te acostumbraste, o porque no pensaste que podría ser verdad. El insiste en que regresará, año tras año, lo ves casi decidido a hacerlo…pero no lo hace…pero tampoco te deja libre. Te dice que es muy difícil vivir así, que no ha podido olvidarte, que cometió un error de juventud…tal vez porque no lo cometió contigo, porque tú no dejaste que sucediera…
Muy bueno, felicidades!!!