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El virus

El texto original de este relato se escribió en 1981… ¿premonición o dejá vú?

El sonido familiar del despertador lo arrancó súbitamente de la pesadilla en la que estaba sumergido, deshaciendo en hebras las imágenes terribles que su inconsciente le estaba mostrando. Su respiración agitada se percibía nítidamente en la habitación en penumbra. Su frente era un mar de sudor frío y los pliegues de su cama estaban revueltos como si terminara de luchar en ella…

Se sentó apoyando la espalda en la pared mientras trataba de normalizar la respiración; al cabo de un rato, ya mas tranquilo, trató vanamente de recordar en que consistía la pesadilla… pero la luz clara del amanecer borró todo recuerdo de la noche pasada.

Se había duchado y vestido cuando dispuso el agua para el café del desayuno; decidió bajar a la panadería de la planta baja del edificio donde vivía para comprar unas medialunas, notó entonces un hecho desusado… la panadería estaba cerrada. Miró alrededor y vio también cerrados a los demás negocios de la cuadra. Preocupado por lo extraño de la circunstancia subió distraídamente al ascensor, el que rara vez usaba; al pulsar el botón del segundo piso miró hacia abajo y vio amontonadas en un rincón varias prendas de hombre… se inclinó sobre ellas intrigado, por el rabillo del ojo vio otro montoncito de ropa, esta vez de mujer. Al mirarlas detenidamente observó que de ambas se desprendía una especie de polvo de colores parecido al vidrio molido.

Muy cerca de los montoncitos de ropa encontró dos relojes pulsera, dos anillos matrimoniales y un juego de aros; al sacudir las ropas de mujer cayó al piso un collar y quedó al descubierto una cartera. En las ropas de hombre encontró una billetera con dinero, dos tarjetas de crédito, el carnet de un club y varias tarjetas personales que decían: Estudio de Arquitectura Belgrano:  Roberto López Rivera, Arquitecto. El sudor frío que había sentido al despertar volvió a su frente al tiempo que una sensación de temor le iba embotando los sentidos… reconoció el nombre del señor que vivía en el séptimo piso. Para alejar esa molesta sensación de miedo que iba ganándolo, supuso que quizá hubieran asaltado a la pareja y un precipitado ladrón había dejado allí parte del botín. No muy convencido dobló prolijamente las prendas, guardó lo demás en la cartera y subió hasta el séptimo.

Al bajar del ascensor lo primero que vio fue otro montón de ropa en un rincón, que no tardó en reconocer como pertenecientes a José, el portero del edificio, también había una escoba apoyada en la pared. Ahora si un creciente temor se fue apoderando de él mientras golpeaba las puertas del departamento A; esperó unos segundos y volvió a llamar, esta vez con mas insistencia.

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2 Responses to “El virus”

  1. redrose dice:

    ME GUSTA COMO DESCRIBIS LOS ESPACIOS , PERSONAJES, ETC ES POR LA VISION QUE TENES CON RESPECTO A LO REFERIDO HACIA LO QUE UNO VE POR MEDIO DEL ARTE ,EN TU CASO LA FOTOGRAFIA Y SE NOTA TU ADMIRACION HACIA H. QUIROGA SEGUI ESCRIBIENDO Y DESCRIBIENDO ESTAS HISTORIAS TAN ATRAPANTES .

  2. este tema es muy importante por favor vean lo todo

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